Alina Lorío L.
Dipilto, que por años se ha caracterizado por tener el mejor café de Nicaragua, avalado por los premios en el certamen de la Taza de la Excelencia, este ciclo 2012-2013 promete siempre calidad, pero en cantidades inferiores en relación con otros años. La roya, la antracnosis, los cambios de clima y la pobreza son los factores negativos que han diezmado a los cafetales de la zona.
Los productores, no importando la cantidad de manzanas que tengan ni la altura en la que se encuentran las fincas, se lamentan —unos más, otros menos— de los estragos que están ocasionando las plagas en sus cafetos.
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“Da lástima ver esas fincas cómo han quedado, eso es horrible”, comentó doña Dalila Cruz Mairena, pequeña caficultora de la comunidad de La Laguna Número Dos.
Refirió que en algunas fincas están pagando “salario de hambre” a los cortadores, que van entre los 27 y 30 córdobas la lata más tres tiempos de comida, pero por la misma situación del café, muchos de esos cortadores solo sacan de una a dos latas diarias de café.
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Vicente Colindres, pequeño productor de Las Manos y que en el año 2005 obtuvo el primer lugar en el certamen de la Taza de la Excelencia, sostuvo que la calidad no bajará porque están cortando el grano bueno que está madurando normalmente; “el grano malo se cae y eso es pérdida”. Ejemplificó que en su finca, ubicada a 1,300 metros sobre el nivel del mar, apenas sacará 15 quintales de café de calidad, la misma que el año anterior logró cincuenta quintales del llamado grano de oro.
Mejor suerte tendrá Porfirio Gutiérrez, mediano productor del municipio de Dipilto, que en su finca Santa Lucía, ubicada en el kilómetro 244 de la Carretera Panamericana norte, quien calcula que la roya solo afectó el 18 por ciento de sus cafetales, y dice que a pesar de un temporal lluvioso de 17 días consecutivos, la maduración está lenta y espera iniciar la temporada pico de corte hasta después del 20 de enero.
Gutiérrez señaló que tampoco tendrá problemas en la calidad del grano y si exportará menos es por el fenómeno bienal del café, que este año lo obligaba a producir menos. En su opinión la roya y la antracnosis hicieron estragos en los cafetales con nutrientes deficientes, plantas viejas, mala aplicación de fungicidas y manejo inadecuado de corte.
DESORIENTADOS TÉCNICAMENTE
En la finca de El Hurraco, en La Laguna, municipio de Dipilto, Diego Montesino reconoció que la maduración es “dispareja”, pero que en su caso la roya y la antracnosis afectarán un veinte por ciento de su producción, que en quintales representa pasar de 150 quintales el ciclo pasado, a 120 que espera producir este año, reduciendo la cantidad de café de calidad, aunque siempre estarán vendiendo café de exportación.
Montesino afirma que la roya afectó la última floración, la del café que se corta en “la repela (al final del ciclo), ese grano se pudrió y con la defoliación que sufrió la planta, a consecuencia de la antracnosis, todo el grano quedó desprotegido y el más débil se ha caído con las últimas lluvias, esos árboles hay que eliminarlos”, recalcó.
Considera que entre los productores hay poco o nada de conocimiento sobre cómo atacar las plagas, “porque algunos hicieron fumigación para roya y lo que tenían sus plantas era antracnosis, otros fumigaron como preventivo, pero la roya ya había atacado el café y más bien les fue peor que a los productores que nunca lo hicieron”.
BUENAS PRÁCTICAS AYUDARON
La caficultora Dalila Cruz Mairena presume de su suerte, pero además de su capacidad de manejar correctamente su finca. Reveló que a la fecha en sus dos manzanas de café ha hecho dos cortes, uno el llamado “despinta” y el otro en temporada pico de corte que le ha dado hasta la fecha 1,600 libras de café, equivalentes a siete cargas y media, que ha ubicado en el mercado nacional a 2,900 córdobas la carga.
Su buena producción y la baja afectación de las plagas (diez por ciento), obedece —según sus palabras— a que aplicó sus tres abonos al año, chapeó tres veces en el año, ha sembrado variedades resistentes y aplica buenas prácticas en el corte del grano. “Ante los ojos de Dios no soy miserable y le doy cuido especial a mis plantas”, sostiene.
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