Se ha dicho que La vida de Pi tiene un profundo mensaje religioso. Es una lectura que parece que queda totalmente desmontada con la revelación final ante los japoneses que intentan averiguar la verdad sobre el naufragio.
Podés creer en Dios, dioses, papá Noel o el Ratoncito Pérez, si así eres más feliz, pero no dejan de ser cuentos. Como el cine. Fantasías con las que aprender, emocionarse, alegrarse, olvidar o soportar los sinsabores, las decepciones y las amarguras de la vida, donde todo es más desagradable, doloroso, cruel y absurdo.
Donde morís y no hay nada más, donde el amor es solo una palabra, donde los fuertes abusan de los débiles, donde el azar puede hundir un barco y los hombres se matan entre ellos por miedo, desesperación o un poco de agua.
El mensaje de la película está en la conclusión del informe que lee el escritor; necesitamos creer en lo extraordinario, en la fantasía, aun cuando somos conscientes de que no es más que eso, para seguir adelante con la realidad.
Si aún no lo has visto, todavía tenés chance de hacerlo. ¡Corré al cine!
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