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ROBADOS Y APALEADOS
Voy a hablarle, comisionada Aminta Granera, de los torturados de Nueva Guinea De la Mayra Jirón y la Maritza García, de Seyron Ortega y Rafael Reyes Leiva… Apenas algunos de los nombres que valientemente han denunciado la orgía de sangre y abusos que desataron paramilitares del orteguismo y miembros de la Policía Nacional para sofocar las protestas de los ciudadanos por el fraude que les hicieron en las pasadas elecciones para robarles la Alcaldía de este poblado. Ay, ay, la patria llorando está, parecen gritos de parto los que se oyen por allá
VÍDEO
Ha comenzado a circular en las redes sociales un vídeo que denuncia estas atrocidades (https://t.co/3v3WKxzs). Un cuarto oscuro. Policías encapuchados. Patadas, garrotazos y abusos sexuales. A hombres, mujeres y menores. Civiles dirigiendo las golpizas. Ahí se presentan como pruebas las heridas abiertas, la carne macerada, la ropa ensangrentada. no hay ni una sola persona detenida o acusada. No hay investigación alguna. Ninguna autoridad los oye. Y Daniel desde un afiche, sonríe en el taquezal
DAR LA CARA
No puede ser que por el origen político de las faltas que la Policía les achacó a estos ciudadanos ni siquiera se oiga y se investigue su reclamo. El comandante Daniel Ortega y usted, comisionada Granera, deberían salir al frente y dar la cara ante estas denuncias. Con estas y otras acciones, la Policía está estableciendo un peligroso doble rasero, donde se presenta como respetuosa de los derechos de los detenidos en crímenes comunes, pero se ensaña y pierde los escrúpulos cuando la detención tiene un origen político.
CRIMEN Y CASTIGO
Este ni siquiera es un conflicto autoridad versus criminales. Crimen y castigo. Es que si queremos justificar estos hechos desde el ángulo que son malechores los torturados, probablemente encontremos que quienes merecían el castigo serían, en primer lugar, quienes se robaron los votos de estos ciudadanos y con ello originaron la protesta, y en segundo, aquellos que abusando de la autoridad que se les ha conferido, violentan las leyes para reprimir a quienes piensan distinto. Y la solidaridad nuestra con los torturados no tiene que ver con identidad partidaria o política. Basta preguntarnos en qué país queremos vivir. ¿En uno donde se reprima al que piensa distinto? ¿Uno donde las autoridades están por encima de las leyes y con derecho al vejamen y la tortura? Si aceptamos con indiferencia esta acción, ¿qué diremos cuando seamos nosotros o los nuestros quienes sean sometidos a la capucha y al garrote?
INDIGNACIÓN
Y causa tristeza que hechos como este caen en una sociedad adormilada, que está más preocupada por el amigo secreto de la temporada, el final de la telenovela de la noche o el próximo encuentro del Barsa y el Madrid. Si hemos perdido la capacidad de indignación ante estos vejámenes quiere decir que están triunfando las técnicas goebbelianas de propaganda destinadas a hacernos ver solo la realidad que ellos quieren que veamos. A masas domesticadas. El país de la eterna felicidad. No es asunto de partido. Es de principios, insisto. Se acuerda, por ejemplo Comisionada, de quién dijo esto: “Si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros, que es lo más importante ”
VOLVER, VOLVER…
Supongamos, comisionada Aminta Granera, que todo esto es una mentira. Que estos que parecen campesinos de Nueva Guinea son verdaderos actores de alguna compañía de teatro contratados para “desprestigiar a la Policía Nacional” como se suele decir. Supongamos que los moretones son pintados. Que las heridas son inventadas, que el dolor es fingido. Aún cuando pensemos eso, comisionada, la Policía está obligada a investigar y, si fuera el caso, demostrar que es mentira, o en su defecto, castigar duramente a los criminales. No hacerlo, señora Granera, es aceptar que ese es un comportamiento ahora oficial de la Policía, que las ideas distintas les dan derecho a ustedes a violentar todas las leyes para reprimirlas. Y si fuese así, ¿cuál sería la diferencia de esta Policía y la Guardia Nacional contra la que una vez ustedes lucharon por estas mismas razones? ¿Qué sentido tiene tanta sangre derramada, para volver al mismo punto: la picana, la capucha, el abuso sexual?
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