Qué complicado. Qué frustrante resulta a veces ver cómo el control absoluto de este régimen avanza sobre la sociedad y lo poco que los nicaragüenses podemos hacer para detenerlo.
Es complicado, es frustrante y en realidad aflige ver el camino que lleva este gobierno y todo el poder que tiene. Aflige porque desgraciadamente, y no me voy a cansar de decirlo, este tipo de regímenes casi siempre terminan con violencia y derramamiento de sangre. Ya no digamos el atraso al que someten a la sociedad y la pobreza a la que la condenan. Los últimos 30 años de nuestra historia son el ejemplo más claro y cercano de qué tan rápido se puede hundir una sociedad cuando se le cierra el camino de la libertad y lo lento que se torna el camino de la recuperación.
Las veces que he advertido en esta columna sobre el peligro de que tarde o temprano se caiga en la violencia generalizada siempre alguien en los comentarios que aparecen en la versión digital del Diario me acusa de estar azuzando a la gente. En realidad es todo lo contrario.
Lo que quisiera es que este régimen se dé cuenta que va por el camino equivocado y que quienes han optado por volver la vista a los abusos de los gobernantes también se den cuenta que no logran nada con ese comportamiento.
Ya lo estamos viendo, de manera esporádica es cierto, pero la violencia está surgiendo en diferentes puntos del país, y no solo por razones políticas. Es cierto que mucha de la violencia y represión que hemos visto fue provocada por los fraudes en Matiguás y Nueva Guinea, solo para mencionar un par de lugares. Pero las personas también están exigiendo mejores condiciones de vida y la respuesta es violencia y represión de parte del Gobierno.
La Policía Nacional desgraciadamente se ha convertido en un cuerpo represivo y partidario. Lo vimos durante las protestas contra el fraude en los diferentes municipios. Ya ni se preocupan en tratar de aparentar que están buscando cómo evitar que dos grupos rivales se enfrenten. Ahora se ponen claramente del lado de las turbas orteguistas y atacan a los manifestantes opositores. En La Paz Centro, Matiguás y Nueva Guinea la Policía y las turbas actuaron como si se tratara de un “operativo de fuerzas combinadas”.
La jefatura de la Policía Nacional y el mismo Gobierno deben darse cuenta que esta es una fórmula para engendrar mayor violencia. Las demandas contra el fraude son justas. Las demandas sociales que han estallado en otras partes del país también son justas. Responder con violencia ciega es un craso error.
El orteguismo ha venido avanzando sin sobresaltos en su plan de control total de la sociedad, pero los señores Daniel Ortega y Rosario Murillo deberían detenerse a pensar en lo que están haciendo y en lo que puede pasar en el futuro. Imponerse a sangre y fuego puede resultarles por un tiempo, pero en el largo plazo el temor que ahora sienten, y que queda demostrado en la exagerada seguridad de la que se hacen rodear, solo irá en aumento. Replantearse el camino y entender que este país debe darle cabida a todos los sectores solo va en beneficio de ellos y de todos los nicaragüenses.
No quiero terminar esta columna sin aprovechar el espacio para expresar mi gratitud a todas las personas que asistieron a la presentación de mi libro Muerte de una República el pasado miércoles. También quiero agradecer a todos los que me expresaron que hubieran deseado estar ahí pero una razón u otra se los impidió.
Como dije al iniciar mi intervención esa noche, mi abuelita Julia siempre nos recordaba que es mejor tener amigos que tener dinero y el cariño que sentí el miércoles de todos los presentes me reveló que tengo la suerte de contar con muchos amigos. Ojalá no los defraude nunca. Una vez más muchas gracias a todos.
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