Adolfo Acevedo Vogl(*)
El bono demográfico ocurre cuando cambia favorablemente la relación de dependencia entre la población en edad potencialmente productiva (jóvenes y adultos) y aquella en edad dependiente (niños y personas mayores), con un mayor peso relativo de la primera en relación con la segunda. Existen varios canales por los cuales esta fase del “bono demográfico” puede facilitar el tránsito a niveles de desarrollo socioeconómico más altos.
1. Si las personas en edad potencialmente activa, que en promedio están aumentando su número y proporción dentro de los hogares, encontrasen un empleo que les proveyera de un ingreso adecuado y creciente, el ingreso per cápita del hogar se incrementaría, y dado que hay cada vez menos niños por hogar, esto posibilitaría una mayor y mejor inversión en el capital humano de cada niño.
2. El crecimiento de la población en edad activa en relación con la población global genera un incremento en la tasa de participación laboral que acelera el crecimiento de la fuerza de trabajo como porcentaje de la población total. La evolución del PIB per cápita puede analizarse por sus dos componentes principales: la productividad promedio del trabajo, por un lado, y el número de trabajadores ocupados dividido por la población total, por el otro. Esto significa que si esta creciente fuerza de trabajo encuentra ocupación en empleos de productividad elevada y creciente, se producirá una marcada aceleración del ritmo del crecimiento económico.
3. En esta fase se reduce el número de niños por mujer, y se abre la posibilidad de que se incremente de manera sustancial la participación laboral de las mujeres, potenciando el crecimiento de la fuerza de trabajo global. Esto da origen al denominado “dividendo femenino”. El crecimiento más fuerte de la tasa de participación laboral femenina obedece a que, dado que la tasa de participación de las mujeres en el mercado laboral es menor que la tasa de participación de los hombres, es la que tiene más posibilidades de aumentar.
4. Dado que la población en edad de trabajar es aquella que está en la fase de su ciclo de vida en que normalmente su consumo es inferior a su ingreso, el ascenso de su participación en la población total crea la posibilidad de que se produzca un aumento en la tasa de ahorro, lo cual posibilitaría a su vez un aumento en la tasa de inversión y, por esta vía, un crecimiento económico más rápido.
Un secreto fundamental detrás del impresionante desempeño económico de los países del sudeste asiático reside en que aprovecharon al máximo la oportunidad representada por el bono demográfico. Un ejemplo paradigmático lo constituye el caso de Corea del Sur, un país cuyo PIB por habitante era solo el 62 por ciento del de Nicaragua en 1953, pero que algunas décadas después se había convertido en un país desarrollado, por el nivel de su ingreso per cápita.
Este país experimentó un marcado descenso en su tasa de mortalidad debido a los antibióticos y otros medicamentos introducidos durante la guerra de Corea. La tasa bruta de mortalidad disminuyó desde 16.4 por mil habitantes en 1950 a 1955 a 9.9 entre 1965 y 1970.
La transición de la fecundidad dio inicio casi una década después, como resultado de que la fecundidad se ajustó a la disminución en las tasas de mortalidad, a lo cual contribuyó el hecho de que ya en 1962 el Gobierno adoptó políticas de control de la población y el programa de planificación familiar pasó a convertirse en parte integral de los planes de desarrollo, así como el creciente nivel educativo.
Así, la tasa global de fecundidad se redujo desde 6.3 hijos por mujer entre 1955 y 1960 a 2.9 entre 1975 y 1980, lo cual significa que decayó a menos de la mitad. Como resultado la población surcoreana menor de 15 años se redujo de manera acelerada como porcentaje de la población total, desde un 42.5 por ciento en 1950 hasta 33.9 por ciento en 1980.
Correlativamente, se produjo una fuerte expansión del porcentaje de población en edad laboral, desde un 52.3 por ciento de la población en 1960 al 63 por ciento en 1985, de manera que para entonces este país ya había ingresado plenamente en la fase del bono demográfico.
Esta creciente participación de la población en edad laboral estuvo asociada a la mejoría sistemática en los niveles educativos, de manera que ya en 1985 los años promedio de escolaridad alcanzados por la población surcoreana mayor de 15 años era de 9.1 años, mucho más elevada que la alcanzada por la población nicaragüense de la misma edad un cuarto de siglo después.
El salto en el ritmo de crecimiento del ingreso por habitante fue posibilitado, en primer lugar, por el fuerte crecimiento de la población en edad laboral a que dio lugar el descenso de la fecundidad.
En segundo lugar, fue posibilitado: i) por los niveles crecientes de calificación de esta fuerza laboral, ii) por una política deliberada de programación y promoción del cambio estructural y de incorporación sistemática del progreso técnico, y iii) por mecanismos que aseguraron el financiamiento de la inversión de mediano y largo plazo.
Estas fueron las políticas que permitieron que la creciente fuerza laboral pudiese encontrar ocupación en empleos de productividad cada vez más alta.
(*)Economista
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