Alejandro Serrano Caldera

PAC y la palabra que ilumina

El pasado 4 de noviembre se cumplieron 100 años de natalicio de Pablo Antonio Cuadra (PAC), uno de los más grandes poetas nicaragüenses del siglo XX. En su poesía y en su prosa, arrancadas de las raíces mismas de la tierra e impregnadas profundamente de una irrecusable vocación hispana e hispanista, se encuentran no solo la belleza de sus versos, sino también la palabra que descubre o insinúa, que ilumina esclarecida y esclarecedora o matiza con sombras apropiadas el arte del misterio.

En su estupendo ensayo El Nicaragüense , señala nuestra doble condición en la historia, la geografía y la vida, la que marca dos caminos en la apasionada y contradictoria trama de la nicaraguanidad.

De diversas maneras y en diferentes escritos, nos ha recordado la dualidad entre la creación artística y la acción política. En la primera, el nicaragüense crea y recrea su mundo y se crea a sí mismo. En la segunda, desnaturaliza su propio ser y destino.

Es el Güegüense que finge primero para defenderse y que finge después por costumbre y porque ya no puede vivir sin fingir hasta transformarse en su propia mentira. Es el reino de la política. Mientras la forma de ser de la vida cotidiana y de la creación artística nos confiere identidad, la forma de hacer política nos confisca la autenticidad.

Pablo Antonio tomó al vuelo la política en sus Escritos a Máquina y Editoriales de LA PRENSA, y, durante mucho tiempo, con su prosa, aguda y certera, penetró el corazón de la vida nacional, aunque la política no fue el tema principal dentro de sus predilecciones intelectuales, pues en ella puso más su ingenio que su genio, orientado, sobre todo, a la creación poética y al ensayo antropológico.

Esta dualidad entre política y cultura no es, sin embargo, la única que enfrenta el alma del nicaragüense en su compleja naturaleza existencial. El desgarramiento primario es el que se produce entre lo español y lo indígena. Por ello, su poesía y su prosa, su tarea de poeta y de pensador, se dirigen a la búsqueda de la integración de lo diverso, que en él es una categoría moral y conceptual: el mestizaje.

Su libro, El Nicaragüense, es una búsqueda de la identidad, reconociendo, no obstante, las rupturas que dolorosamente han desgarrado el alma nacional. La obra pone el dedo en la llaga, pero no para profundizarla, pues Nicaragua ha sido herida muchas veces y aun respira por sus heridas, sino para sanarla, para buscar la reconciliación de las diferencias, identificando lo que esencialmente somos.

Una idea importante en Pablo Antonio planteada en su ensayo América o el Tercer Hombre , es la reafirmación de la naturaleza misma de la poesía, capaz, más que de anunciar utopías, de descubrir la realidad con una visión anticipada. Más que profeta de un mundo que no es pero que será, que no existe todavía pero que vendrá, el poeta es visionario y misionero de una realidad subyacente y oculta de la cual descorre el velo y la expone a todos con la claridad de su mirada intuitiva y precursora.

En su visión histórica, América es el lugar de la esperanza. Si es la tierra del paraíso perdido, debe ser la tierra del paraíso recobrado. Y es aquí, ante el dilema de cómo recobrar el paraíso, el momento en que se divide el pensamiento americano entre quienes piensan que para alcanzar el futuro debe abolirse el pasado, y quienes, por el contrario piensan que el futuro se construye emergiendo de las entrañas del pasado.

Frente a la utopía de los pensadores americanos, Pablo Antonio, nos dice: “¿Libertad para qué? Para desarmar, como antes dije, la utopía de ayer y montar la de hoy. Es la libertad como insatisfacción permanente. Cada generación quiere conjugar su futuro sobre borrón y cuenta nueva. Cada generación pide relevo para llevar la angustiosa piedra de Sísifo a la cumbre de su tiempo”.

Para PAC, la superación de Europa y de la sociedad precolombina en una nueva expresión histórica, en una síntesis que resulta de la confluencia y acción recíproca de ambas, pasa necesariamente por la crítica a la idea de utopía que domina la imaginación y la reflexión del hombre europeo, pero también del hombre precolombino.

Como escribe Arciniegas, dice, “Cuando Colón enrumba sus tres carabelas hacia Occidente, no va tras lo absolutamente desconocido. Se mueve hacia la realidad mágica. Va al encuentro de otra tierra ya ocupada y poblada por la fábula. El hombre medieval, de cuya sociedad forma parte el Almirante Cristóbal Colón, cree más en lo imaginariamente elaborado que en lo real y tangible…”.

“La utopía nos rodea, dice Pablo Antonio, nos tienta, nos impulsa y con excesiva frecuencia nos echa a perder nuestras realidades”. Y en ese sentido el imaginario mágico y mítico de la utopía es un velo que impide ver la realidad indo hispana que debe ponerse a plena luz en el mestizaje.

No obstante, pienso que América se dio por la utopía, por la imaginación deslumbrada y deslumbrante y por la búsqueda de imposibles del hombre renacentista. Colón, y la idea de América como utopía, a diferencia de lo que expresa German Arciniegas, citado por PAC, fue fruto del Renacimiento y no del medioevo, aunque España y los españoles llegados a América a finales del siglo XVI hayan salido no solo del Puerto de Palos sino de las costas de una Edad Media tardía.

Para Pablo Antonio la efectiva labor triptolémica, para usar la expresión de Darío, y que consiste en el encuentro del maíz con el trigo que simboliza la fusión de las culturas indias y la cultura occidental, se produce en los poetas y pensadores: “del viejo Netzahualcóyotl a Octavio Paz; de Andrés Bello a Jorge Luis Borges; de José Martí a José Vasconcelos; de Sor Juana Inés de la Cruz a César Vallejos; de Machado de Asís a Guimaraes Rosa; de Rubén Darío a Gabriela Mistral… ¡y tantos más! Ellos son las naciones intelectuales, los contenidos del Continente, las repúblicas poéticas, nuestra otra cordillera andina de altas creaciones que vertebra nuestra América”.

Pablo Antonio nos dejó en su obra, en las páginas de sus escritos y poemas, la presencia de la sabiduría, rara confluencia entre la razón y la intuición; el conocimiento y la inspiración; el logos y el mito. El momento en que se tocan casi milagrosamente el ser y el conocer, la naturaleza y la historia.

PAC es toda una época en la historia de nuestra cultura y nos hace presente en su obra, en la belleza de la palabra y la profundidad del pensamiento, la esencia misma del ser nicaragüense y americano.  

El autor es jurista, filósofo y escritor nicaragüense.

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