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EL MAL PRESIDENTE
Que Roberto Rivas haya llegado hasta hoy al frente del Consejo Supremo Electoral dice mucho de lo mal que está Nicaragua en términos electorales. Es el zorro a cargo del gallinero. Y sé que es injusto personalizar el problema, porque en esta situación hay muchas más personas con mucha más responsabilidad que Rivas. Pero, por su singular forma de comportarse, Roberto Rivas se ha convertido en un símbolo de todo lo que un presidente de un tribunal electoral no debe ser.
ANTECESOR
Antes de Roberto Rivas hubo en Nicaragua un Modesto Salmerón. Este era un abogado, empleado de los Somozas, a quien en algún momento lo pusieron a dirigir el Tribunal Supremo de Elecciones con el claro propósito de controlar las votaciones. Era el zorro (otra vez) cuidando el gallinero. Salmerón se destacó haciendo ganar en 1947 al candidato de Somoza García, a pesar de la masiva votación opositora. Tan descarado era que se paseaba por las filas de votantes cantando con sorna: “Voten, voten, que luego yo cuento los votos”. Y, así como los de ahora, desde antes que empezaran las votaciones le preguntaba a Somoza: ¿Con cuántos votos quiere ganar, general?
GATO BRAVO
Estamos ante un partido que llegó al poder a través de las elecciones, pero que de ninguna manera está dispuesto a perderlo de la misma forma. Ya lo dijo muy claro, en esos arrebatos de sinceridad que lo metieron tanto a problemas, el difunto Tomás Borge: “Hombré”, dice que le dijo a Daniel Ortega, “podemos pagar cualquier precio, digan lo que digan, lo único que no podemos es perder el poder. Digan lo que digan, hagamos lo que tenemos que hacer, el precio más elevado sería perder el poder”. Queda claro, pues, que por las buenas es casi imposible que veamos otra vez a Daniel Ortega entregando la banda presidencial.
JUEGO ARREGLADO
El Frente Sandinista se ha convertido en el dueño de los guantes, los bates y las pelotas de un juego donde invita a jugar solo a quien él quiere con las reglas que él disponga y con sus propios árbitros. Ha privatizado el sistema electoral, de tal manera que ningún otro partido tiene posibilidad alguna más que la que el Frente Sandinista quiera darle. Así hemos llegado a este punto, donde con anticipación ya se ha repartido el pastel de votos y cargos, según, claro está, la conveniencia, estado de ánimo y generosidad del Frente Sandinista.
SIMULACRO
En estas condiciones asistiremos este domingo a unas “no elecciones”, porque no eligen nada. Votarán algunos, el Ejército se desplegará como si fuera de verdad el asunto, la Policía también ya ha anunciado sus planes, saldrán observadores, habrá funcionarios electorales y cualquier otra formalidad que se les ocurra Todo estos millones de córdobas que se gastarán, sin embargo, podrían ahorrarse si evitamos el proceso y nos dicen los resultados ya. ¿Tenemos que resignarnos a estos simulacros? ¿Es esta la democracia que nos merecemos?
DINERO Y PODER
No nos engañemos. Tras todo esto está el poder y el dinero. Vivir bien y que el resto reviente. De eso se trata. Ya no hay principios. Basta ver cómo progresan económicamente los funcionarios de Estado y los políticos. ¿Cómo se explica que les vaya tan bien en sus carreras a los políticos siendo un gremio tan primitivo y poco calificado? ¿Cómo pueden vivir con tanto lujo siendo tan malos administradores de este país que han desbaratado? Solo cuando el Estado deje de ser el botín, el premio, de las perrerías electorales, es que estaremos empezando a cambiar nuestra historia.
NUEVA GENERACIÓN
Los que hoy se dicen oposición deben entender que ellos mismos son parte del problema. No es posible que Nicaragua cambie de la mano de las mismas personas que la han diseñado así, tan quasimódica. Hay un momento en la vida en que uno debe reconocer que hay otras personas que pueden hacer mejor las cosas. Urge un relevo generacional en nuestra clase política. Una nueva mentalidad. Si llegamos a este estado, es porque los que se decían líderes políticos fracasaron. O se volvieron cómplices.
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