Cada 12 de octubre, cuando se conmemora el arribo de Cristóbal Colón a tierras americanas, se reabre en nuestros países el debate sobre el descubrimiento, la conquista y la colonia.
Este año, más allá del debate, se agrega una circunstancia de singular significación, como es la de cumplirse el Bicentenario de la Constitución de Cádiz del 19 de marzo de 1812, la que será conmemorada en la Cumbre Iberoamericana a realizarse en Cádiz el 16 y 17 del próximo mes de noviembre. A través de ella pasaron a nuestro sistema jurídico, no así a nuestra práctica política, algunos de los principios fundamentales del Derecho Constitucional Europeo, principalmente francés.
Entiendo el concepto de Hispanidad desde una perspectiva diferente de la que de manera más usual se ha utilizado. El sentido preponderante de Hispanidad ha estado ligado, aunque no necesariamente tenga que ser así, a una ideología conservadora, enraizada en los valores de la contrarreforma y políticamente identificada con una forma de nacionalismo que sirvió para afianzar durante la guerra civil y la postguerra una idea de España y una ideología contraria, tanto al socialismo, como al liberalismo europeo y las democracias occidentales.
En cierto sentido fue concepto clave del pensamiento de la Generación del 98, principalmente de Maeztu, Ganivet y Unamuno, que buscaban las esencias de España en medio de una sensación de decadencia, acentuada por la pérdida de Cuba en ese mismo año.
- Entiendo el concepto de Hispanidad desde una perspectiva diferente de la que de manera más usual se ha utilizado. El sentido preponderante de Hispanidad ha estado ligado, aunque no necesariamente tenga que ser así, a una ideología conservadora, enraizada en los valores de la contrarreforma y políticamente identificada con una forma de nacionalismo que sirvió para afianzar durante la guerra civil y la postguerra una idea de España y una ideología contraria, tanto al socialismo, como al liberalismo europeo y las democracias occidentales.
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Así entendida, la Hispanidad aparecía como una idea centrípeta que a partir de España, como núcleo, revivía desde la esencia misma de su ser histórico un concepto, una filosofía y un bloque de valores contrapuestos a los valores, filosofía y conceptos de la Europa liberal. De esta manera era presentada como alternativa ante lo que a partir de la célebre obra de Oswald Spengler fue conocida como La Decadencia de Occidente . Hispanoamérica podía o no, dependiendo de los diferentes puntos de vista que surgieron sobre el tema, formar parte de esta suerte de restauración a partir de la cultura y la recuperación de los valores históricos tradicionales. La generación del 98 buscaba encontrar y señalar sin contemplaciones las causas de la decadencia española y sus necesarios remedios.
Pero España, Europa y el mundo han cambiado y el concepto de Hispanidad también se ha transformado, o está transformándose. Es quizás en España misma donde esta idea ha sufrido una mayor transformación como producto de los profundos cambios políticos, económicos y sociales que ha experimentado desde 1975 hasta nuestros días. La idea de la europeización de España, clave de la filosofía de Ortega y Gasset, ha prevalecido en la realidad sobre la españolización de Europa, idea predominante en el pensamiento de la Generación del 98.
La idea de la relación con la Unión Europea ha sido el centro de la vida política, económica y cultural de España, tanto en sus mejores momentos, como ahora que la crisis y su severo impacto social la afecta de forma considerable.
A pesar de la poca relevancia que pueda atribuírsele al concepto de Hispanidad en estos momentos, es conveniente, por su significación histórica, y en este caso desde la perspectiva de los pueblos latinoamericanos, tratar de precisar sus alcances hasta donde sea posible. Pienso que lo primero es superar la idea de lo hispánico como un concepto cerrado y enfrentado a otras opciones ideológicas, políticas y culturales. Hispanoamérica (o Latinoamérica como es más usual denominarla) marca un momento crucial pero no único y exclusivo en la formación de nuestra identidad, caracterizada por ser un proceso de incorporaciones sucesivas.
Es necesario comprender que parte de nuestros problemas han provenido siempre de un rechazo cultural, de un empeño de mutilación de la realidad y de un reduccionismo histórico. Del mismo modo que fue negativa la actitud del romanticismo hispanoamericano de negar lo hispánico, lo indígena y lo negro (Sarmiento, Alberdi, Echeverría), como condición para sumergirse en la modernidad y el romanticismo europeo particularmente el francés, alemán e inglés, igualmente negativo sería rechazar la latinidad, en aras de una idea de hispanidad (que por demás es parte medular de esa latinidad) cerrada sobre sí misma. La idea de hispanidad debe estar abierta no solo a los múltiples afluentes que han formado nuestra identidad plural, sino, sobre todo, al futuro, con todas sus promesas y sus riesgos.
La Unidad en la Diversidad es lo esencial de nuestro ser, si es que acaso es permitido hablar de esencias y ontologías en la siempre mutable e indetenible marea de la historia. Lo indígena, lo africano, lo español, lo francés, lo europeo, son parte fundamental de los numerosos afluentes que desembocan en nuestra identidad y conforman nuestra naturaleza histórica.
Por ello, la Hispanidad debemos entenderla como base de nuestra identidad sobre la cual incorporar todos los aportes que la enriquecen y como una actitud de apertura al mundo de las ideas y al diálogo de las culturas.
El autor es jurista, filósofo y escritor nicaragüense.
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