Querida Nicaragua: Hay que saber protestar. Los tranques son ilegales, perjudiciales, atentatorios en contra del pueblo trabajador, la industria, el comercio, el agro, el desarrollo nacional en lo general. Los tranques para impedir el tránsito son un atraso para todos nosotros, un irrespeto al derecho ajeno y no deben ser tolerados por ningún gobierno.
En los países democráticos las protestas se hacen en las aceras, en las plazas públicas, en los parques, nunca en medio de las calles, pues esto perjudica al pueblo no al Gobierno.
Quienes inventaron este tipo de protestas fueron los orteguistas cuando perdieron el poder en el año noventa. En ese tiempo algunos de ellos anunciaron que harían una “oposición salvaje”, y realmente la hicieron. Don Daniel al frente de sus turbas levantaba los adoquines haciendo barricadas de casi dos metros, impidiendo el tránsito y sembrando el desorden. Todo esto frente a la Policía sandinista que veía complacida la feroz anarquía. Recuerdo una barricada que levantaron en el kilómetro 7 Sur, era impresionante y recuerdo que hostigando a la Embajada de los Estados Unidos se tomaron todo el tramo de la Carretera Sur. En esa ocasión las turbas, armadas de hachas filosas, botaron los centenarios chilamates que adornaban a uno y otro lado de la carretera. Solamente quedaron uno o dos árboles.
Ese era el salvajismo que fue inaugurado por el orteguismo en los años noventa durante el gobierno de doña Violeta. La mala costumbre de los tranques quedó como una forma de protesta y es así como ahora todos quieren resolver sus problemas a base de trancar las carreteras y las calles.
Los transportistas reclaman y hacen tranques y queman llantas interrumpiendo la marcha del país. Los desmovilizados del Ejército protestan y hacen tranques y queman llantas. Si los lecheros tienen problemas hacen tranques y paralizan el tránsito tanto nacional como internacional.
La Policía, con o sin orden de Ortega, tiene la obligación de impedir esos tranques, de evitar sin excesos violentos esas quemas de llantas y todos esos abusos en contra de la gente trabajadora que se mueve tanto en las ciudades como en el campo. Lo que pasa aquí es que el gobierno orteguista no tiene autoridad moral para pedirle a los gremios que no deben hacer tranques, y no tiene autoridad moral porque él fue el iniciador de toda esa anarquía en los años noventa.
Por supuesto que lamentamos que hayan sido detenidos los cuarenta y tantos conductores que luego fueron puestos en libertad después de golpear a algunos de ellos. Hay maneras civilizadas para evitar disturbios, pero hay que insistir en que ni transportistas, ni buseros, ni taxistas, ni comerciantes, ni estudiantes, ni dirigentes de ningún tipo tienen derecho a interrumpir el tránsito ni a quemar llantas en plena vía pública. Nadie tiene derecho a interrumpir el trabajo de la población. El respeto al derecho ajeno es la paz. Y el pueblo tiene el derecho, todos tenemos el derecho de circular por las calles y caminos libremente, sin que tengamos que soportar ningún tipo de tranques. Hay que terminar con esa costumbre anárquica, ilegal, atentatoria contra los intereses nacionales, inventada por las turbas “divinas” del presidente de facto.
El autor es director general de Radio Corporación.
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