Twitter: @Fabian_Med
COMANDANTE DANIEL ORTEGA
Quiero aclarar de entrada que le digo “comandante” porque “presidente” es un título que le queda muy grande, dada la vereda inconstitucional que tomó para seguir en el poder. Pero no es ese mi tema esta vez. Quería referirme a la carta de felicitaciones que le envió al reelecto presidente de Venezuela, coronel Hugo Chávez. Es fácil entender la alegría, más bien excitación, que desborda la misiva, pues su suerte está muy ligada a la posibilidad que Chávez siga o no administrando los tantos millones de la industria petrolera venezolana. Lo que sí me pareció extraño es que no se haya fijado en un detalle que a usted le podrá parecer banal, pero que a los que creemos en la democracia nos resulta fundamental: en Venezuela se sabe quién ganó porque se contaron los votos.
GANAR Y PERDER
Aquí, en Nicaragua, comandante, no sabemos qué pasa con los votos desde hace tres elecciones, y para designar a las autoridades electas solo se tiene la palabra del Consejo Supremo Electoral, que ambos sabemos vale menos que las suelas de los zapatos que andamos puestos. Si puso atención a lo que pasó el fin de semana pasado en Venezuela, habrá visto que no se trata de acusar de fraude solo porque se pierde como ha dicho usted y los suyos siempre para descalificar los reclamos. El problema para mí y estoy seguro que para muchos otros, comandante, no es que alguien gane o que alguien pierda, el problema es que con este Consejo no hay forma de saber quién gana y quién pierde porque está diseñado para robar elecciones, no para arbitrar la decisión de los nicaragüenses.
PORQUÉS
Esto me lleva a la pregunta necesaria: ¿Por qué a pesar de su ilegal situación y todo el lodo que cargan no ha cambiado a los miembros de este, que bien podría ser el peor tribunal electoral del mundo? Usted tiene todos los votos para cambiarlos y ninguna excusa para no hacerlo. ¿Por qué si celebra la elección de Chávez no da esa misma oportunidad a los nicaragüenses? ¿Por qué no se la juega en elecciones limpias con un tribunal que al menos sea honesto y donde los derrotados se vayan a casa sabiendo que no tuvieron la mayoría necesaria y no a ocupar los cargos que no ganaron?
PETRÓLEO Y ANCIANOS
Tengo más preguntas, para aprovechar pues, ya que usted de un tiempo acá no da entrevistas. ¿Por qué si Nicaragua tiene un trato preferencial para la compra de petróleo en Venezuela tenemos el combustible más caro de Centroamérica? ¿Por qué a los ancianos que reclamaban por una pensión que la ley les concede usted decide darles un bono a algunos y negarles la pensión a todos? Un bono que, como sabemos comandante, dependerá del humor con que usted y su señora esposa amanezcan. Estos ancianos, recuerde, hasta su voto le prometieron para conseguir su pensión en uno de los actos más humillantes que se ha visto en los últimos tiempos.
SIN COMENTARIOS
Usted, comandante Ortega, ha hecho de Nicaragua el país de los grandes silencios. Déjeme ponerle ejemplos. Un ciudadano sale de las celdas policiales con una herida en la cabeza, la quijada desencajada, la mano fracturada y “Sin comentarios”, dice el vocero policial. Un candidato a alcalde gana con apabullante cantidad de votos, pero se designa a otro como alcalde y “sin comentarios”, dice el CSE. ¡Eso lo hacen por imitación! Usted es el rey de los “sin comentarios”. ¿Acaso alguna vez ha explicado cómo es que sin tener capital ni oficio alguno de pronto esté comprando un hotel, algunos canales de TV, y aparece en cuanto negocio millonario se hace en Nicaragua? “Sin comentarios”, dice la Contraloría. Igual la Fiscalía. La Procuraduría. De tal forma que Nicaragua se volvió un país donde nada se comenta. Se ve, se sufre. Nos revuelve el estómago. Pero nadie comenta. Ni víctimas. Ni victimarios.
ELECCIONES
Hay mucho más. Muchísimo. Pero solo quería decirle comandante, que Nicaragua está así en buena parte por su culpa. Que las elecciones no son un lujo exótico. Que sirven para que, ante la posibilidad de ser castigados por los votos, los gobernantes cuiden de no hacer precisamente tropelías como esas. Y que usted no puede seguir así, celebrando en otro país lo que niega en el propio. Y que si en las próximas elecciones usted compite según lo que determine la ley y ante un tribunal que cuente justamente los votos, yo no tendré problema alguno en decirle “Presidente Daniel Ortega…” Aunque no vote por usted porque no lo merece.
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