Humberto Belli Pereira

La belleza de los debates

Aunque los debates no son tan esenciales para la democracia como lo son las elecciones o la libertad de expresión, parecen acercarse el día en que serán considerados como un requisito insoslayable de la cultura democrática. De hecho ya es así en Estados Unidos y buena parte de Europa: sin ser legalmente obligatorios, ningún candidato a cargos de elección popular puede rehusar esta especie de duelo cívico sin exponerse a pagar un alto costo.

En 1858 Abraham Lincoln y Stephen Douglas sostuvieron siete debates de tres horas cada uno por el puesto de senador en el estado de Illinois, aunque fue hasta 1948, que ocurrió el primer debate por la Presidencia. El primero es ser televisado fue el protagonizado por Nixon y Kennedy en 1960. Luego, tras una pausa de 16 años, los debates quedaron entronizados en su formato actual. En Europa el proceso se inició en Suecia en 1948, generalizándose lentamente al resto del área. En América latina hoy se practican con regularidad en Chile, Colombia, Paraguay, Brasil, Panamá, Costa Rica, Guatemala, México y Uruguay.

La popularidad y creciente arraigo de los debates políticos es un resultado natural de la madurez democrática y la existencia de medios de comunicación masivos. La democracia es un sistema diseñado para que los ciudadanos escojan libremente a quienes piensan que pueden brindarles un mejor gobierno. Para eso es indispensable comparar los planes o ideas de los candidatos y conocer sus personalidades.

Un debate televisivo, aunque tiene limitantes, como el comprimir los tiempos dedicados a la discusión, contribuye a contrastar las distintas propuestas políticas y revelar facetas del carácter de sus representantes. Ante las cámaras los debates transparentan con facilidad las fortalezas y debilidades de los candidatos; su inteligencia, presencia de ánimo y carácter. Son tanto oportunidad para lucirse como para caer muy bajo. Un actor consumado, candidato al Oscar, puede —tras extenuantes ensayos y repeticiones— encubrir su yo, pero la mayoría de los candidatos no pueden evitar traslucir parte de su interior.

Los debates políticos son naturalmente inconcebibles en las dictaduras. Un Fidel Castro jamás debatiría en público a un disidente. Los tiranos no admiten competencia en el poder, y un debate, por definición, es una competencia abierta por el apoyo del pueblo. Los tiranos son, además, seres narcisistas que desde su Olimpo sienten que no pueden rebajarse a discutir sus inferiores y que no buscan explicar sus ideas, ni someterlas a discusión, sino imponerlas. Los riesgos para el ego, implícito en los debates, los hace intolerables para todos los endiosados y para los candidatos inseguros de sí mismos.

Los debates políticos no son obviamente panacea y puede que en ocasiones no promuevan al mejor postor sino a quien mejor discute. Pero en su modalidad moderna, en que prohíben el aplauso o las rechiflas suelen ser una demostración de respeto al electorado, a quien se le facilita una elección de autoridades más racional y meditada, y pueden ser altamente educativos en cuanto exigen el ejercicio de la lógica y la argumentación.

Cultivar la práctica del debate de ideas y propuestas en todos los niveles de la sociedad contribuye mucho a fortalecer el ethos democrático. Debería practicarse para escoger diputados, alcaldes, jefes de partido y todo tipo de autoridades. Debería ser una práctica constante del currículo escolar. Sócrates lo utilizó como herramienta de enseñanza llegando a constituir una señal luminosa de la cultura griega. Ya está constituyendo, hoy día, una marca distintiva de las mejores democracias.  

El autor es sociólogo y fue ministro de educación 1990-1998.

Columna del día Opinión debates archivo

COMENTARIOS

  1. Sergio Mena
    Hace 14 años

    Me gustaría ya que el SR: Humberto Belli, nos explique como sociólogo , por que los nicaragüenses somos incapaz como pueblo de mantener una democracia y un visión de nación, el apasionamiento irracional hacia el partidismo nos ha desmoronado y dividido com nación.

  2. Carlos
    Hace 14 años

    El planteado por Belli es un debate teórico. Lo que generalmente ocurre es un debate de chismes y reclamos personales, gana el debate el que tiene mas dotes de marchante que de propuestas. Es más, el publico da por ganador al mas tapudo. Enrique Quiñonez y Avellan ganarian cualquier debate político, y, si ocurriera uno entre los dos seria un empate y se resolveria a balazos. jajajaja.

  3. sinforoso jiron
    Hace 14 años

    Sergio Mena: Te lo explico yo, la plolarizacion y el fanatismo tiene ciegos a una buena parte de los nicaraguenses, otra gran mayoria es indiferente y esta ocupada en resolver su vida en el dia a dia y unos pocos que orbitan alrededor del delincuente que nos desgobierna y saquea a este atribulado pais, el mas atrasado y pobre de latinoamerica que ha sido secuestrado por un aventurero delicuente disfrazado de benefactor

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