Durante 14 años, Hugo Chávez ha polarizado América Latina. Por tanto las elecciones venezolanas de este domingo interesan a todo el continente.
Las encuestas divergen: Datanalisis da a Chávez 49.4 por ciento y a Capriles 39 por ciento, mientras en Consultores 21 Capriles aventaja con 1.9 por ciento. ¿Sucederá igual que en Nicaragua, cuando todas las encuestas daban ganador a Daniel Ortega pero venció Violeta Barrios de Chamorro?
Esta elección es diferente a la del 2006 cuando Chávez barrió a Rosales (63 por ciento a 37 por ciento). Ahora enfrenta a una oposición unida, más o menos un modelo de la Concertación chilena contra Pinochet.
Hay desbalance de recursos entre las partes: Chávez ha tenido horas en todos los canales televisivos, y Capriles más bien minutos. Asimismo, Chávez dispone del presupuesto público, que ha crecido 30 por ciento en los últimos doce meses.
Todo eso hace que estas elecciones quizá vayan a ser “libres” pero no necesariamente “justas”.
Si gana Capriles, su primer desafío será entenderse con el partido de Chávez; el ejército y, detrás de él, con esa tupida red de intereses económicos bautizada como “boliburguesía” o burguesía bolivariana.
Si gana Chávez, sumará seis años más a los catorce que ya tiene de gobierno, un total de veinte años.
Juan Vicente Gómez reemplazó a Cipriano Castro en 1908 y se quedó en el poder hasta su muerte en 1935. Pero interrumpía sus mandatos poniendo a algunos testaferros, y hasta sus más acérrimos detractores reconocen hoy que realizó una relativa modernización de Venezuela. Fue parte de las tiranías “civilizadoras” que alabó García Calderón, o de las “dictaduras organizadoras”, según definición que usó José Santos Chocano. Es decir, puso cierto orden en un mundo incivilizado y rural. Por eso cuando murió, Laureano Vallenilla Lanz, que lo había servido, dijo en París, donde vivía: “murió el loquero”.
- De acuerdo con estadísticas oficiales venezolanas, desde el 2007, el China Development Bank le ha prestado a Venezuela 42,500 millones de dólares (el artículo compara ese monto al costo de toda la invasión norteamericana a Irak: 29 mil millones). ¿Cuál es el colateral para esa deuda? Por supuesto, petróleo. Venezuela vende 640,000 barriles diarios a China, de los cuales 264,000 pagan la deuda.
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La gestión económica de Chávez, en cambio, no ha modernizado Venezuela. Deuda, inflación entre las más altas de Latinoamérica, atraso en la infraestructura, alta pobreza, y sobre todo la acentuación de la enfermedad venezolana: la “petrolización” de su economía (el petróleo representa el 90 por ciento de sus exportaciones y financia la mayoría del presupuesto público).
Venezuela podría ser Noruega pero escogió, bajo Chávez, ser Nigeria. Lo cual recuerda la frase trágica del padre de la OPEP, Juan Pablo Pérez Alfonso, que abandonó al final de su vida todo interés en el petróleo para dedicarse a temas de educación y salud: “el petróleo es el excremento del diablo”.
De hecho, si los precios del petróleo hubieran seguido como estaban cuando entró en 1999 al gobierno, acaso Chávez sería una anécdota, pero el precio del barril se multiplicó casi varias veces durante su mandato, permitiéndole una expansiva política internacional (cuyos principales beneficiarios son los hermanos Castro en Cuba).
Si económicamente ha sido poco eficiente, como régimen político el chavismo ha sido, la verdad, poco novedoso: más bien otro capítulo del ADN de la política venezolana que fundó Páez.
Ese ADN cesarista que siempre supuso usar la hacienda pública a discreción del Jefe del Estado. El manejo de PDVSA por Chávez ejemplifica este rasgo.
Como política internacional, abrió la puerta a actores más bien extraños al continente, como Irán.
Y polarizó a los vecinos. Sudamérica se debate entre el polo “bolivariano” y la reciente Alianza del Pacífico (con Brasil observando o tratando de arbitrar).
El chavismo ha sido también una narrativa. La llama “socialismo del siglo XXI” pero recicla viejos clichés de la izquierda latinoamericana menos renovada. No sabemos qué tiene de socialismo, pero sí que no tiene nada del siglo XXI.
Por eso la remoción de Chávez del poder traería un aire fresco a la política continental. Como la llegada de Santos, tras Uribe, en Colombia.
¿Qué ha sostenido a Chávez? Parecía que el petróleo. Ahora sabemos que también una gigantesca deuda. Y prestamistas nuevos muy reveladores.
Esta semana apareció un artículo de la agencia Bloomberg con estadísticas oficiales venezolanas donde establecen que, desde el 2007, el China Development Bank le ha prestado a Venezuela 42,500 millones de dólares (el artículo compara ese monto al costo de toda la invasión norteamericana a Irak: 29 mil millones).
¿Cuál es el colateral para esa deuda? Por supuesto, petróleo. Venezuela vende 640,000 barriles diarios a China, de los cuales 264,000 pagan la deuda.
Negocio para Venezuela, talvez: el interés sería 6 por ciento, y no el 12 por ciento de los mercados abiertos (debido a los puntos sobre Tesoro americano que Venezuela debe pagar).
Pero también negocio para China: participaciones en campos petroleros, minas de oro como Las Cristinas, y compras de productos chinos al amparo de ese financiamiento, para no hablar de las constructoras chinas, mayoritarias en esos tres millones de viviendas que Chávez ofrece.
Así, habrá que leer con atención el libro que Dambisa Moyo acaba de publicar: “Winner Take All. China’s Race for Resources and What It Means for the World”. (“El ganador se lleva todo. La carrera de China por recursos y lo que significa para el mundo”).
Después de todo, no solo China sobrepasó a Estados Unidos como nuestro principal socio comercial, sino que ha comprado muchas propiedades de recursos naturales entre nosotros.
Con lo que, hablando de Venezuela, llegamos, qué novedad, al Asia.
Pero eso será tema para una próxima columna.
El autor es politólogo peruano.
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