Querida Nicaragua. En cinco días sabremos quién ganará las elecciones en Venezuela, las que revisten una importancia excepcional para nosotros. Se enfrentan el dictador Hugo Chávez quien lleva 13 años en el poder y aspira a ser vitalicio. Su contrincante es el joven Henrique Capriles, un hombre inteligente y valiente, nombrado en amplias primarias y nominado como candidato por toda la oposición unida.
Chávez usa todos los recursos del Estado para obtener votos, regala todo género de productos a la empobrecida población venezolana y pronuncia violentos discursos en contra de sus adversarios a quienes tilda como agentes del imperialismo, el caballito de batalla de todos los dictadores comunistas en el mundo.
El servilismo del Ejército ante Chávez llega a tal punto que determinado militar declaró que si Chávez perdía las elecciones, el Ejército no entregaría el poder. Inmediatamente Chávez lo promovió y lo elevó de rango.
Capriles ha escuchado todo esto sin inmutarse, ofreciendo su programa de gobierno democrático y pregonando que Venezuela recuperará sus riquezas que están siendo regaladas por Chávez a sus amigos. Declaró Capriles que no saldrá una gota más de petróleo para Cuba, a la que Chávez le regala todo el petróleo que la isla esclava necesita. Igualmente declaró Capriles que tampoco seguiría regalándole a Nicaragua la millonada que le regala Chávez, lo que ha puesto nerviosos a los hombres del inconstitucional presidente que cada día buscan cómo arrimarse a la China comunista ofreciéndole proyectos millonarios como el Gran Canal Interoceánico, el Puerto de Aguas profundas en Monkey Point, la concesión de una nueva Compañía para operar celulares y por último la compra de un satélite con un costo de trescientos millones de dólares que no se sabe de dónde sacará la pobre Nicaragua.
Chávez amenaza ahora con una guerra civil en el caso de perder las elecciones, lo cual nos indica que no las tiene todas consigo aunque las encuestas lo favorezcan. Un candidato presidente de la república que amenaza con una guerra civil es casi seguro que contempla la posibilidad de perder. Y eso es lo que puede pasar en Venezuela: un triunfo claro de Enrique Capriles y una presión popular que Chávez no podrá detener.
Lo que hicieron los partidos políticos venezolanos constituye un ejemplo patriótico de unidad para los partidos nicaragüenses. Si aquí hubiésemos tenido la capacidad de unirnos para hacer unas primarias grandes como en Venezuela, con el compromiso de todos los partidos de apoyar al candidato ganador otro gallo nos cantara, hubiéramos tenido un solo candidato enfrentado a Daniel Ortega, quien hubiera perdido con un miserable 38 por ciento y el país estuviera hoy caminando sobre el rumbo de la democracia con una mayoría parlamentaria indiscutible y con funcionarios escogidos por su capacidad, honradez y trayectoria honorable.
Es precisamente eso lo que le espera a Venezuela con Enrique Capriles. Un cambio hacia la democracia y la libertad, hacia la recuperación de los valores perdidos. Un cambio apoyado por todos los venezolanos, verdaderamente bolivariano, tal como lo soñó el Libertador Simón Bolívar.
Y es lo que debemos buscar nosotros. Un gobierno serio, con proyectos serios que puedan ser realidad, no con enormes ilusiones que no son más que sueños de opio.
El autor es director general de Radio Corporación
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