Telamón, rey de Salamina, conversaba con Hércules sobre su gran deseo de ser bendecido por los dioses con un hijo varón, cuando la imponente águila de Zeus, que se llamaba Aías, se posó suavemente sobre uno de sus hombros. Hércules dijo a Telamón que eso significaba que tendría el hijo que tanto deseaba y debía llamarlo como el águila de Zeus, es decir, Aías. De allí se derivó el nombre de Áyax y por eso el niño que engendró Telamón fue llamado Áyax Telamonio.
Pero son dos los personajes mitológicos con el nombre de Áyax. Uno, el ya mencionado Áyax Telamonio, a quien también llamaban Áyax el Grande porque su estatura era enorme. Y el otro Áyax, fue conocido como Áyax Oileo porque era hijo del rey de los locrios que tenía ese mismo nombre. Aunque también lo llamaban Áyax el Pequeño porque realmente era un hombre de baja estatura.
Se cuenta que después que Aquiles murió durante la guerra de Troya, por la herida de una flecha que se le clavó en uno de los talones —la única parte de su cuerpo que era vulnerable— Áyax el Grande y Odiseo (Ulises) se disputaron sus armas, porque el primero reclamaba ser el guerrero más valiente y el otro decía que él no solo era muy valiente, sino también el más astuto.
Una asamblea de capitanes se reunió para escuchar los alegatos de los dos guerreros que se disputaban la posesión de las armas de Aquiles, y fue tanta la elocuencia de Odiseo que convenció a los deliberantes de que él las merecía.
Herido en su orgullo y soberbia, Áyax el Grande se enfureció al extremo de volverse loco, se levantó a la medianoche, tomó sus armas y fue a matar a Odiseo y a Agamenón y Menelao, los hermanos que eran reyes de Micenas y Esparta respectivamente.
En su locura Áyax Telamonio mató a unas ovejas creyendo que eran las personas que buscaba, y cuando recuperó la razón y se dio cuenta de lo que había hecho, ante las burlas de sus camaradas de armas se llenó de vergüenza y se mató clavándose en el pecho la espada que le había regalado Héctor, el príncipe y jefe militar de Troya, después de un combate entre ambos en el cual quedaron empatados.
Trágico fue también el fin de Áyax el Pequeño, quien llegó con vida hasta el fin de la guerra de Troya y fue uno de los que se introdujeron en la ciudad sitiada, oculto dentro del enorme caballo de madera que había ideado el astuto Odiseo. Áyax el Pequeño violó a Casandra, la adivina y sacerdotisa troyana hija del rey Príamo, dentro del sagrado templo de Atenea. Enfurecida, la diosa maldijo a Ayax Oileo por aquella profanación de su templo sagrado y de su sacerdotisa predilecta.
Así fue que después que Áyax Oileo emprendió el viaje de regreso a Grecia, cuando ya sus naves estaban en alta mar Atenea hizo que naufragaran y todos sus hombre perecieron. Solo Áyax logró salir a flote y se aferró a un peñasco, desde el cual exclamó, lleno de soberbia: “Ni los dioses con todo su poder pueden contra mí”. Poseidón lo oyó desde el fondo del océano donde se encontraba, salió de las aguas y golpeó con su tridente el peñasco que se hundió en un remolino arrastrando al arrogante Áyax.
De esa manera eran castigados aquellos hombres que por su desmesura y cegados por su gran soberbia, llegaban a creerse superiores a los demás y más poderosos que los dioses.
Áyax Oileo emprendió el viaje de regreso a Grecia y cuando sus naves ya estaban en alta mar, Atenea hizo que naufragaran y todos sus hombres perecieron. Solo Áyax logró salir flote y se aferró a un peñasco, desde el cual exclamó, lleno de soberbia: “Ni los dioses con todo su poder pueden contra mí”. Poseidón lo oyó en el fondo del océano donde se encontraba, salió de las aguas y golpeó con su tridente el peñasco que se hundió arrastrando al arrogante Áyax.
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