BLANCO Y NEGRO
Eduardo Enríquez
Cuando estaba chavalo escuchaba el dicho “el que nunca ha tenido y llega a tener, loco se puede volver”, la gente coronaba el dicho comentando sobre cierto señor —seguramente personaje ficticio— que se había sacado la lotería y al ver tanto efectivo se metió a su cuarto a contarlo y recontarlo para no volver a salir nunca más del encierro donde se mantenía con su dinero.
Ojalá por ahí les diera la locura a algunos que de pronto se han enriquecido, sin haberse sacado la lotería, o peor aún, sin haber tenido en su vida un trabajo de verdad —a menos que andar repitiendo discursos cobijados por la penumbra califique como trabajo—. Tal vez.
Pero más bien la locura les ha agarrado por otro lado. Les dio por lanzar proyectos faraónicos, últimamente casi al ritmo de uno por semana. Al principio anunciaron una refinería (hace seis años, cuando se dijo que tomaría cinco años construirla ¿recuerdan? ). No han pasado de la primera piedra, pero ya pasó de costar 4,000 millones a 6,000 millones. Anuncian también puertos de aguas profundas de 300 millones de dólares; canales húmedos y secos de hasta treinta mil millones de dólares; un plan para hacer del lago Cocibolca una represa de dimensiones astronómicas para generar energía a través de un desagüe por el río Brito por 600 millones de dólares y ahora…. (redoble de tambores, por favor) ¡vamos a lanzar un satélite al espacio! Eso nos va a costar otros 300 millones de dólares.
¿No están mareados con tantos millones ya? ¿No sienten la tentación de irse a un rincón para ir a contar los milloncitos que le tocan a usted? Bueno, antes que se vuelva loco permítame recordarle que de todos esos proyectos al país ha entrado la cantidad de cero dólares con cero centavos.
Me imagino que los leales seguidores del orteguismo podrán atacar mi crítica a la fábrica de proyectos del régimen, ya que después de todo ¿por qué no podemos realizar esos proyectos?
En respuesta a eso habrá primero que analizar los megaproyectos. Algunos tienen sentido y otros no. Claramente el de la “represa Cocibolca” o Proyecto Brito era una locurita, los mismos constructores desecharon la idea.
El Puerto de Monkey Point lo mismo. Inviable. Nadie va a invertir 300 millones de dólares para construir un megapuerto en el país con la economía más pequeña de Latinoamérica. Sobre todo cuando hay dos puertos muy buenos a corta distancia, Puerto Cortés y Puerto Limón.
Tendría más sentido que Centroamérica como región potenciara lo que ya tiene. En lugar de estar peleando con los ticos deberíamos unir la carretera a San Carlos, Río San Juan, para aprovechar mejor Puerto Limón. La misma estrategia se puede hacer con los hondureños, mientras nosotros podríamos invertir en Puerto Corinto y ofrecerlo como el mejor puerto de Centroamérica en el Pacífico. Eso tiene más sentido económico. Eso es verdadera integración.
¿Es esa una idea absurda porque dependeríamos de otro país? Pensemos en Suiza, encerrada en el centro de Europa. Sus puertos marítimos son Amberes en Bélgica, Rotterdam en Holanda y Hamburgo en Alemania, según explica la ficha comercial de la Confederación Suiza que elaboró ProEcuador, agencia hermana de ProNicaragua. Así que se puede y resulta más barato.
Hay proyectos gigantescos que sí son viables y necesarios. El del canal, por ejemplo. Un nuevo canal tiene tanto sentido en 2012 como lo tuvo el Canal de Panamá en 1914, cuando comenzó a funcionar. Siempre van a ser necesarias nuevas rutas de comercio, porque el comercio —y esto les arde a los socialistas tanto del siglo XIX como a los del XX y del XXI—, va a seguir existiendo, igual que el capitalismo.
Pero para que aquí se pueda construir un canal primero los nicaragüenses tenemos que hacer varias cosas: fortalecer las instituciones, respetar las leyes y elevar nuestro sistema de educación para que nuestra población pueda proveer la demanda de técnicos y profesionales que exige una obra de tal magnitud. Nos queda mucho por hacer antes de pensar en un Gran Canal. Pensemos solamente ¿cuánto del río San Juan hemos dragado en todos estos años? Y eso que es un proyecto chocho comparado con los otros.
En lugar de estar pensando en locuritas deberíamos concentrarnos en elevar el nivel educativo de todos los nicaragüenses, preparar más ingenieros, técnicos, fomentar y premiar la innovación y la productividad de nuestras actividades económicas y crear un marco de respeto al Estado de Derecho para que venga más capital. Eso nos va a dar desarrollo y nos va a sacar de la pobreza, no un satélite de telecomunicaciones que ojalá, aunque sea, sirviera para mandar a más de uno al espacio exterior.
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