César Úbeda Bravo
El jurista Cairo Manuel López, catedrático de Derecho Constitucional en varias universidades, explica en qué contexto surgió el Día de la Constitución en Nicaragua. Recordó los objetivos de la Unión Nacional Opositora (UNO) en 1990 de reformar la Carta Magna, que a su juicio, era excesivamente presidencialista y autoritaria. Luego de las reformas de 1995, mencionó que fue vaciada de su contenido por el pacto entre Arnoldo Alemán y Daniel Ortega.
En una entrevista con LA PRENSA suelta una frase lapidaria: “Los países que respetan sus Constituciones son países desarrollados y los países de fragilidad constitucional e institucional son países pobres o de poco desarrollo”. Estas líneas pesan mucho en la realidad política nicaragüense.
¿Por qué se celebra el Día de la Constitución?
Cuando en 1990, la Unión Nacional Opositora (UNO) ganó las elecciones, en su programa de Gobierno contemplaba la necesidad de introducir reformas a la Constitución, militarista, autoritaria y excesivamente presidencialista que el sandinismo aprobó en 1987. Esas reformas fueron aprobadas en 1995 dando paso a una Constitución más justa y equilibrada, creando las bases para una institucionalización democrática, con una verdadera independencia y distribución de poderes, reforzamiento a los derechos y garantías de la población, límites al poder y mayores mecanismos de control sobre los gobernantes, tales como el establecimiento de la jurisdicción contencioso administrativo, conflicto de poderes, entre otros.
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Esa misma Asamblea Nacional, de la que fui miembro, consciente de que una de las debilidades de nuestro sistema político ha sido la falta de respeto y obediencia a la Constitución y que las reformas constitucionales generalmente se han hecho para distribuirse cuotas de poder o para permitir las reelecciones continuas de los gobernantes, estableció la celebración del Día de la Constitución a través de la Ley 201, de 1995, para celebrarse el primer lunes del mes de septiembre de cada año, a fin de promover los derechos humanos y el respeto a la Constitución, en la convicción de que una ciudadanía más ilustrada defendería y promovería el sistema democrático. Debemos promover el respeto a la Constitución.
¿Desde las aulas universitarias qué están haciendo para impulsar un cambio en la cultura de los profesionales del Derecho para que se respete la Carta Magna?
Hay dos grandes escuelas de Derecho Constitucional: una, la escuela formalista, que enseña el Derecho Constitucional desde el texto escrito y las distintas Constituciones que hemos tenido, inclusive comparándola con otros países. Y otra, que sostiene que una Constitución es fruto de los intereses de los distintos actores políticos , económicos, sociales y de las circunstancias históricas, culturales e internacionales que explican el nacimiento de las mismas y su evolución, sin descuidar el marco formal de la misma. La segunda es una visión realista y dinámica, tiene un enfoque crítico, formativo y propositivo en el estudiante, que les permite comprender y explicar el por qué de las cosas. Se trata de obtener profesionales capaces de poder aportar al desarrollo institucional que necesita el país.
En lo personal, insisto, en la cátedra, en el estudio de los medios de control y defensa que los ciudadanos pueden utilizar para defender adecuadamente sus derechos constitucionales para que de esta forma prevalezca el Estado de Derecho.
¿Cómo enfrenta en las aulas universitarias las contradicciones evidentes entre lo que están aprendiendo sobre legalidad y respeto a la Constitución los estudiantes versus las violaciones a la Carta Magna, incluso de magistrados del poder judicial?
El Derecho Constitucional lo enfoco desde la teoría del poder. De ¿quién tiene el poder? ¿Cómo se obtiene el poder? ¿Cómo se ejerce el poder? ¿Qué límites tienen los que detentan el poder? y ¿qué controles se ejercen sobre ellos? Si en la academia se mantiene esa perspectiva metodológica de la búsqueda constante de la verdad, de manera objetiva e imparcial, se adquiere un sentido crítico y se analizan las disonancias entre la realidad y la teoría, entre el ser y el deber ser. Y en última instancia entre lo que se aprende en la academia y la manera en que los poderosos, incluyendo a quienes juegan a ser opositores de membrete u opositores oficiales, deforman con sus actitudes y en provecho propio el derecho para mantener sus privilegios deformando y transgrediendo de muchas maneras lo que señala la Constitución. También se insiste en la relación que existe entre derecho y economía, señalando que los países que respetan sus constituciones son países desarrollados y que los países de fragilidad constitucional e institucional son países pobres o de poco desarrollo.
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