El discurso que dio el presidente inconstitucional el pasado miércoles no lo pude escuchar. El análisis hecho por dos periodistas orteguistas en el canal oficial de la familia el jueves no lo pude ver, pero nada de eso importó, en mi buzón de correo electrónico me ha estado esperando desde hace un par de días la transcripción fiel del programa que hicieron los dos periodistas. Transcripción cortesía de la oficina de Comunicación de la primera dama.
Y en realidad es de agradecer esa cortesía de la primera dama porque uno tiene la oportunidad de releer algunas cosas que suenan increíbles aún en boca de personas que apoyan al régimen.
Por ejemplo, en el arranque del programa el entrevistador le preguntó sobre el discurso del Inconstitucional al entrevistado, quien además de periodista por esta vez recibió en la transcripción el título de “analista”.
El periodista-analista respondió: “Yo ya lo he oído (el discurso) cuatro veces y es que no tiene desperdicios. Creo que los Sandinistas deberíamos estudiar ese Discurso, por la profundidad de las ideas que ahí se esbozan y porque nos pega una regañada a todos, que nos acordemos que aquí nadie anduvo peleando cargos en la montaña…”.
No voy a comentar sobre eso de escuchar un mismo discurso cuatro veces, o sobre la recomendación de “estudiarlo” o el orgullo con que se menciona que los “regañaron”… pero que a estas alturas vengan a decir con toda la seriedad del mundo que nadie anduvo peleando cargos es tener la cara dura. Tal vez los que anduvieron en la montaña no, o cuando estuvieron en la cárcel no, pero por los resultados es obvio que los que pasaron la parte más cruda de la insurrección en Costa Rica sí rumiaron esa ambición.
El entrevistado hasta se aventura a recomendar un titular para el discurso: “Si al Discurso hay que ponerle un titular es: ‘El Discurso de la Lealtad’, ‘El Canto a la Lealtad’”, dice. Seguro que así lo habría titulado si el discurso se hubiera dado durante su breve paso por la extinta Barricada entre los años 1995 y 1996.
La comparecencia estuvo salpicada de referencias al mentado discurso como si se tratara de una exégesis de los Evangelios: “Le conté 12 veces la palabra Lealtad al presidente Daniel Ortega”, dice el entrevistado. Y a lo largo de la conversación tira por aquí y por allá frases como: “Él nos lo recuerda…”, “él nos dice…”, “toda esta parte ideológica que él recupera es un regaño a todos nosotros…”, “a mí me parece que no solo es importante lo que nos dijo Daniel, sino la manera como lo dijo…” y para no cansar con las referencias seudobíblicas solo pongo una más: “Eso es lo que nos dice Daniel: ¡Dejemos atrás el sectarismo!”
Si toda la oda hasta entonces había sido de una oquedad impresionante, al traer a colación —como valioso regalo— que el Inconstitucional les invita a abandonar la intransigencia y el fanatismo, la entrevista cae en el ridículo evidente.
Con tres ejemplos rebato la falsedad tanto del discurso como del análisis: el primero, la violencia ciega que demostraron contra los jóvenes que estaban en las champas frente al Consejo Electoral en la plazoleta Benito Juárez y que fueron desalojadosa a golpes el propio 19 de julio pasado. Es cierto, los chavalos regresaron, pero eso es porque son muy valientes no porque los orteguistas sean tolerantes.
Los otros dos ejemplos salen del análisis mismo que hicieron los periodistas oficialistas el jueves. En un momento el periodista analista cita a un dirigente sindical mexicano que luego de sofocar una rebelión se hace tomar una foto con sus adversarios y les dice: “El que se mueve no sale en la foto”. En el contexto que lo cita, hablando de las rebeliones de las bases del orteguismo en los municipios por los dedazos queda claro el mensaje: El que desobedece no agarra nada.
Y luego, para los que no son orteguistas, compara los municipios de El Jícaro y Murra: “El pueblo de Murra (Alcaldía liberal) se mira en el espejo de El Jícaro (Alcaldía sandinista), que le queda al lado. El Jícaro ha progresado enormemente y se ven ellos (los de Murra) que están en la desgracia”.
De nuevo el mensaje es inequívoco, el municipio que desafíe al orteguismo sufrirá el ostracismo presupuestario pues todas las mieles van para los alcaldes obedientes del orteguismo.
Inclusión, en la boca de los orteguistas, es una palabra hueca, o cuando mucho, tiene un significado totalmente distinto al aceptado, significa: sometimiento y obediencia ciega.
@GuayoPeriodista
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