Edgard Rodríguez C.
Alta, esbelta y con esa belleza que parece no tener fecha de caducidad, ahí estaba Michele Richardson, batallando por sujetar sus emociones y contener las lágrimas, mientras proyectaba ese brillo que solo se emana desde la grandeza, aunque ella sea sencilla.
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Aunque no se señala directamente a alguien por no participar, se asegura que Daniel Ortega, el presidente de aquel momento en Nicaragua, no estuvo enterado de la situación, y que la decisión, fue una facultad enteramente del Comité Olímpico, dirigido por Moisés Hassam.
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Richardson, ganadora de medalla de plata en los 800 metros libres en la natación de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984, aguardaba con ansiedad el instante con el que había soñado muchas veces, y era ostentar en sus manos la bandera de Nicaragua.
Y una vez que el presidente Daniel Ortega le entregó el pendón bicolor, entonces no pudo evitar que la emoción se disparara. Sujetó la bandera con firmeza y la alzó ante el público que aplaudía sin cesar, en medio de una ceremonia sencilla pero muy emotiva.
¿Cómo recibiste la designación como abanderada?
Lo recibí con el corazón abierto y me ha hecho sentirme emocionada y orgullosa. Ya al fin me siento pinolera. Tenía una carga sobre mis hombros y esto me la ha quitado. Siento que el Gobierno me ha reconocido como una nicaragüense, y eso es lo que soy.
¿Qué harás en Londres?
Además de llevar la bandera de Nicaragua, que ha sido un sueño para mí, quiero hablar con los atletas que nos representarán, darles algunas palabras de aliento y recordarles que todos queremos ir a una olimpiada, pero que no todos tienen ese privilegio.
¿Creés que se ha enmendado un error con vos?
No lo veo así. Yo no me detengo en el pasado. Siempre veo hacia el futuro. Cuando se me habló de que si aceptaba ser la abanderada, me parecía mentira, estaba emocionada. Y por supuesto, no dudé en aceptar. Es un honor para mí, llevar la bandera.
¿Te has visualizado en Londres con la bandera?
Sí, he pensado mucho en eso. Y voy a levantarla lo más que pueda. Me hubiese gustado haberlo hecho en Los Ángeles ‘84, pero no se pudo. Entonces, ahora es el momento. Quiero que el mundo sepa que Nicaragua es un país lindo y de gente maravillosa.
¿Estabas segura que serías la abanderada?
No, ni siquiera lo imaginaba. Sí lo deseaba, pero sé que son cosas que uno no puede controlar. Pero me dijeron que los periodistas influyeron bastante en eso, y yo se los agradezco mucho. Han hecho de mi sueño, de mi anhelo, una realidad.
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