Los defensores de un mayor control de las armas de fuego truenan al expresar su impotencia, mientras la Asociación Nacional del Rifle gana terreno político y el presidente Barack Obama promete salvaguardar el derecho constitucional a la posesión de armamento en su primera respuesta a la matanza de 12 personas en un cine cerca de Denver.
En otros tiempos, cada vez que un estallido de violencia con armas era muy difundido surgían llamados de demócratas y de algunos republicanos por endurecer el control de las armas de fuego.
- de estadounidenses encuestados el año pasado favoreció un endurecimiento de las leyes y el 55% dijo que deberían seguir iguales o que fueran más indulgentes.
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Ahora esas exhortaciones son tenues, en una paradoja política que cobra más importancia en tiempos marcados por los hechos en Columbine y el Tecnológico de Virginia, el atentado que dejó herida a una legisladora y ahora el ataque en un cine donde se espera que las matanzas ocurran solo en la pantalla.
“No queremos condolencias. Queremos acción”, dijo Dan Gross, quien promueve la regulación de las armas de fuego, al tiempo que el presidente Obama y el aspirante presidencial republicano Mitt Romney lamentaban el ataque a tiros ocurrido en los primeros minutos del viernes en un cine de la ciudad de Aurora.
Gross preside el grupo Brady Campaign que apoya la promulgación de leyes para el control de las armas de fuego.
Ed Rendell, demócrata que gobernó Pensilvania, fue más enfático que muchos en las primeras horas después de la nueva masacre. “Todos se asustan con la NRA (Asociación Nacional del Rifle, siglas en inglés) —dijo al canal noticioso MSNBC—. Por sobre todo, hay algunas cosas que vale la pena perder en la política, y que vale perder para poder evitar matanzas como esta”.
Ya hace más de una década desde que los defensores del control de las armas de fuego tuvieron una esperanza realista de conseguir la aprobación de una ley respectiva, pese a las predicciones de que cada angustiante estallido de violencia propiciaría acciones.
En 1994, el Congreso aprobó prohibir por diez años 19 tipos de armas de asalto tipo militar. Para 2004, cuando vencía la prohibición a las armas de asalto, los legisladores demócratas no hicieron un intento serio por lograr una extensión. El presidente George W. Bush (Republicano) dejó que el asunto se desvaneciera en el tiempo.
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