Por Fátima Arellano
La historia de hoy refleja un caso más de violencia contra la mujer, pero también es una historia alentadora, justamente por ser real. Las Naciones Unidas la define como “todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la privación arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o privada”.
La violencia física, mental, emocional y sexual se vive en todas partes del mundo y perjudica en gran manera a los niños, pero como dice Elena Pereyra en su testimonio, “no se puede ser una víctima todo el tiempo. Hay que levantarse, sacudirse y seguir adelante ”. Es por eso que para mí, Elena es como un ave Fénix, que renace de las cenizas con todo su esplendor.
Nosotras también podemos renacer y ser sobrevivientes, porque ante todo sabemos y podemos amar una y otra vez con mayor intensidad, con la única salvedad de no permitir una agresión más.
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