Cuando llueve, los estudiantes del colegio Edgar Arbizú, en Managua, salen empapados de sus aulas pues tienen el techo pazconeado. Además de estar atentos a la lección, los estudiantes deben capear las goteras y pedazos de paredes que caen con cada aguacero.
“Las láminas de zinc están retorcidas, las divisiones de las aulas ya ni existen y las verjas están sarrosas, pero solo hemos escuchado promesas de que van a reparar el colegio”, comentó Carmen García, madre de un estudiante.
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