Hjalmar Ruiz Tückler (*)
Nos acercamos muy rápidamente a un mundo fundamentalmente digital e inalámbrico. Los obstáculos y barreras que se oponen no son de naturaleza tecnológica, sino económicos, sociales, políticos y humanos.
Toda economía tiene una cantidad limitada de recursos: trabajo, conocimientos tecnológicos, fábricas y herramientas, tierra y energía. Ante el hecho innegable de que los recursos son escasos en relación con las aspiraciones y deseos, una economía debe hacer uso eficiente de los mismos.
En este nuevo escenario de eficiencia obligada, las Nuevas Tecnologías de Información y Comunicaciones (NTIC) se han convertido en una herramienta poderosa y casi insustituible en la gestión social.
La amplia utilización de las NTIC, ha traído como consecuencia un importante cambio en la economía mundial, particularmente en los países más industrializados, sumándose a los factores tradicionales de producción para la generación de riquezas, un nuevo factor que resulta estratégico: el conocimiento.
Es por eso que ya no se habla de la “sociedad de la información”, sino de la “sociedad del conocimiento”. Sus efectos y alcance sobrepasan los propios marcos de la información y la comunicación, y puede traer aparejadas modificaciones en las estructuras política, social, económica, laboral y jurídica debido a que permiten obtener, almacenar, procesar, manipular y distribuir con rapidez la información y su utilización en todo tipo de procesos.
Ya no es extraño que se hable de ciberturismo, comunidades virtuales, teletrabajo, educación virtual e investigación en red. Y tampoco de las diferentes, y en ocasiones divergentes, formas en que los jóvenes, adultos y ancianos ven y asumen el mundo acorde con el uso de las posibilidades tecnológicas.
La inserción de las NTIC en las políticas estatales de desarrollo plantea grandes retos, especialmente para los países no desarrollados, ya que detrás de la adopción de las nuevas posibilidades de comunicación está la necesidad de adquirir los insumos para ello: los ordenadores, el software, las redes ópticas, los sistemas inalámbricos, la gestión del espectro radioeléctrico, el dominio de los satélites de telecomunicaciones, sin que dicha situación sugiera necesariamente un determinismo tecnológico.
Y el reto está en generar reales procesos innovadores en el conocimiento, la producción, la gestión y la organización, que redunden en un estrechamiento de la brecha digital y de las marcadas disparidades socioeconómicas. Mientras, en nuestra sociedad aún no hay plena conciencia que el desarrollo científico y tecnológico es uno de los factores más influyentes en el desarrollo de la sociedad contemporánea.
(*)Consultor [email protected]