MÉXICO/AFP
La muerte de miles de narcotraficantes en los últimos cinco años en la “guerra” lanzada por el Gobierno está propiciando que esposas, hermanas e hijas avancen en puestos dentro de los cárteles, reservados a hombres.
Así lo refleja el libro Las jefas del narco , cuyo coordinador, Arturo Santamaría, investigador de la Universidad Autónoma de Sinaloa, advierte que esto “va a fortalecer (al narcotráfico), porque pareciera que lo están haciendo con más inteligencia”.
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El libro reune trabajos de jóvenes investigadores y periodistas e incluye entrevistas de algunas “narcas”. Para Santamaría, “el grueso de los muertos son narcos y hombres”, provocó un “relevo obligatorio” en las estructuras criminales. Tuvieron que echar mano de los jóvenes, “pero también dentro de las mismas familias de los hombres narcos, las esposas, las hijas, las amantes, las novias…”.
En Sinaloa, cuna de los principales capos mexicanos, el relevo fue casi natural porque muchas convivieron con el narcotráfico desde que nacieron. Empezaron dedicándose a extraer goma de la amapola, una actividad que necesita delicadeza y paciencia. “Después empezaron a transportar droga, a lavar dinero” o como “diplomáticas del narcotráfico”, llevando mensajes o sobornando a las autoridades aprovechando su belleza, relata Santamaría.
“Después empezaron a meterse en la operación. Todo este proceso las fue llevando a conocer más y a dirigir hombres, operaciones, traslados… y de ahí a convertirse en jefas de todas las operaciones” o incluso en “sicarias”, dice el investigador.
Santamaría dice que las mujeres “prefieren disparar menos que los hombres”, y “son muy perseverantes: como tienen que demostrar más que los hombres, eso las hace más constantes”, reflexiona el investigador.
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