Arlen Cerda
El segundo día de consultas sobre las reformas electorales, a cargo de la comisión que preside la diputada oficialista Alba Palacios, sepultó por completo las posibilidades de una reforma electoral que satisfaga las demandas que los organismos de la sociedad civil y las misiones nacionales e internacionales de observación electoral han hecho durante los últimos 11 años.
El experto explicó que esa medida anularía a un tercio del padrón, es decir un millón de ciudadanos, que si no han votado en las últimas dos elecciones no necesariamente es porque estén muertos y “eso no hace ningún bien” al sistema tan debilitado.
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“Esta reforma no rasca duro, no rasca bien y no rasca donde pica”, aseguró tras el encuentro de ayer el director ejecutivo de Ética y Transparencia (EyT) y miembro del Grupo Promotor de las Reformas Electorales (GPRE), Roberto Courtney.
Según el representante del grupo, que reúne a 15 organizaciones de la sociedad civil, la propuesta de reformas electorales del Gobierno carece de las condiciones mínimas en las que se ha insistido desde el 2001.
“Nosotros pusimos sobre la mesa la propuesta que hemos elaborado durante todos estos años: una reforma integral y fundamental que recoge los señalamientos de los observadores y busca cubrir las faltas de la actual Ley Electoral, pero la comisión nos explicó que en esta consulta solo hay espacio para discutir los artículos específicos a los que se refiere la propuesta del ejecutivo, que pasan de una forma muy vaga y cosmética sobre los problemas de nuestro sistema electoral”, explicó Courtney.
Los diputados Alba Palacios, del Frente Sandinista, y Luis Callejas, de la Alianza Partido Liberal Independiente, coincidieron en que el obstáculo está en el proceso de consulta que establece la Constitución Política y la Ley Orgánica de la Asamblea Nacional.
Courtney dijo que, ante esta condición, la única garantía para la buenandanza del próximo proceso queda en el relevo total de las estructuras electorales, para las que el Gobierno aún no da ninguna garantía.
“Si la idea es salir con un producto que capitalice la credibilidad del sistema, eso es lo menos que se puede hacer”, dijo.
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