La repetición de la historia en nuestro país pareciera alejar la idea de La Nicaragua Posible, la que se trató de impulsar durante mi rectorado en la UNAN-Managua en los foros realizados entre 1990 y 1992.
La idea que animaba a aquellos encuentros de construir una nueva Nicaragua mediante la concertación, el contrato social y el diálogo entre los diferentes sectores gubernamentales, políticos, económicos, sociales y culturales, pareciera hoy bastante lejana y de difícil realización.
Una vez más observamos que nuestra historia repite las mismas o parecidas etapas, con diferentes actores pero con similares características. Observamos la configuración del caudillo y del poder que ejerce por encima de la ley y en base a su omnímoda voluntad. Presenciamos la estructuración de un poder envolvente, expresión de un viejo totalitarismo que reitera en forma circular, como en la metáfora de la bicicleta estacionaria, situaciones que Nicaragua ya ha padecido en el pasado y de las cuales pareciera difícil salir por nuevos caminos hacia nuevos horizontes.
La búsqueda de una explicación resulta difícil ante la irracionalidad de lo que ocurre, pero quizás, precisamente por eso, se pueda encontrar algún punto de referencia que permita una cierta aproximación al problema.
Pensamos que se debe intentar el análisis apoyándose en el concepto de circunstancia, construido por José Ortega y Gasset a partir de la categoría de historicidad de Wilhelm Dilthey, mediante la cual se establece racionalmente la relación entre idea y realidad, sujeto y medio. “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”, dijo el filósofo español en su libro Meditaciones del Quijote de 1914 .
La circunstancia viene constituida por hechos y realidades, presencias y ausencias. En el caso de Nicaragua está formada por un conjunto de características entre las cuales, aún conscientes de que no son las únicas, podríamos destacar: insuficiencia y deformación de un verdadero pensamiento político; ausencia de un proyecto de nación; incapacidad de realizar un verdadero diálogo; profunda desigualdad económica y social; institucionalidad devaluada y concebida como instrumento y fachada del poder; consideración y percepción del poder como finalidad última y única del quehacer político.
Desde nuestro punto de vista, la ausencia de algunos de los elementos que deberían constituirla, o la presencia deforme o incompleta de otros, forma parte también de la circunstancia y produce consecuencias en el acontecer histórico y político del país.
En esta ocasión vamos a referirnos brevemente a uno de esos componentes, el de la ausencia del pensamiento crítico, lo que ha hecho que la práctica política en Nicaragua dependa casi exclusivamente de la fuerza y los recursos económicos a su disposición, y que aún la ideología, que en muchos casos no solo no garantiza la democracia y la racionalidad, sino que, por el contrario, sirve de justificación al despotismo, no haya sido más que una proforma, una manifestación superficial para aparentar un contenido ideológico en el ejercicio del poder.
Si analizamos algunas corrientes políticas en nuestro medio, observamos que no ha habido en ninguna de ellas un verdadero contenido filosófico o ideológico. Difícilmente podemos encontrar coherencia y continuidad entre una línea de pensamiento y los hechos políticos, institucionales o sociales concretos.
Refiriéndonos al liberalismo podríamos decir que lo que ha ocurrido en algunas ocasiones son cambios en la Constitución, sin que estos sean consecuencia de una toma de posición conceptual, o ética, ni de un proceso de transformaciones sociales que se manifieste luego en la ley y las instituciones, sino una copia de disposiciones constitucionales inspiradas en categorías filosóficas y jurídicas de la ilustración, trasladadas en forma acrítica a nuestros textos legales.
Como ejemplo de lo anterior, podríamos mencionar la Constitución de 1893, La Libérrima, del presidente José Santos Zelaya, en lo que concierne al sufragio, estado laico, educación laica, entre otro temas. Después devendría, sucesivamente, el autoritarismo expresado en la llamada Constitución Autocrática de 1905, del mismo Zelaya; la forma absoluta de ejercicio del poder en lo militar, político, social y económico del somocismo en sus diferentes versiones; y la búsqueda del poder personal o de grupos mediante pactos de cúpula en su etapa más reciente.
El conservatismo, por su lado, se caracterizó por una actitud reactiva en contra del laicismo liberal pero sin reflejar para su aplicación en Nicaragua, sea en lo político como en lo cultural, las líneas conceptuales más importantes y sin aportar sus puntos de vista para la construcción de un pensamiento propio.
A pesar de haber sido el nacional catolicismo español, doctrina oficial del franquismo, el referente principal en nuestro país de algunos grupos políticos y literarios, solo fueron asumidas las posiciones autoritarias de esta poderosa estructura religiosa e ideológica, sin que el pensamiento de sus filósofos e ideólogos, igualmente autoritario en su casi totalidad, fuera aceptablemente conocido. Nos baste mencionar la filosofía del Derecho del alemán Carl Schmitt, radicado en España, de su discípulo español Javier Conde y, como caso excepcional, el pensamiento del gran filósofo Xavier Zubiri, quien, sin pretenderlo ni buscarlo, pues su metafísica estaba motivada por otros fines, fue erigido por el sistema, desde fines de los años cuarenta, la figura intelectual más relevante del nacional catolicismo, oponiéndolo a José Ortega y Gasset, su maestro, considerado, aún por los falangistas, como el más grande pensador español en los últimos dos siglos.
Lo anterior no excluye la presencia de las ideas del inglés Edmund Burke y del francés Charles Maurras, en uno que otro prominente intelectual y político nicaragüense, sin que esto pueda considerarse una tendencia real de sus respectivas filosofías en el ámbito correspondiente.
En cuanto al socialismo y el comunismo, aunque de proyección reducida en lo relativo a organización política, su referencia a Marx les permitía invocar una de las líneas ideológicas de mayor profundidad e influencia en el mundo desde mediados del siglo XIX. El problema en este como en los demás casos fue la simplificación y el dogmatismo que redujo un pensamiento profundo y polémico, a mandatos de cartilla con instrucciones infalibles, irrefutables y justificadoras de la dictadura comunista soviética.
En Nicaragua, con el triunfo de la revolución en 1979, la idea de construir un pensamiento político sandinista se vio imposibilitada por las circunstancias históricas específicas, por el desvío hacia posiciones dogmáticas y autoritarias y por el culto a la personalidad. De esa forma la revolución devino una religión laica, por lo que estar en contra de ella era una herejía y estar a favor un acto de fe.
Obviamente estas consideraciones ameritan un estudio mucho más amplio, pues no se trata solo de la ausencia del pensamiento político, sino de la del pensamiento crítico en toda nuestra historia. No obstante, a partir de estas líneas se quiere reafirmar que la circunstancia o contexto de nuestro país, debido a las deficiencias, ausencias y deformaciones que presenta y que no han cambiado significativamente en el transcurso del tiempo, actúan como causas que al seguir iguales producen también los mismos efectos. De esta forma el pretérito se instala en el presente y el futuro en nuestra historia política es el pasado que regresa. Nicaragua imposible se podría decir para usar el nombre del libro del doctor Francisco Laínez.
No obstante, consideramos que la presencia de un pensamiento crítico conduce a restructurar el contexto o circunstancia, la reflexión y la acción, el diálogo y la concertación, para alcanzar los cambios cualitativos que nos permitan construir una sociedad moderna, libre y democrática; sobre todo, hay que tener presente que el momento actual exige pensar nuestra realidad en relación a la situación mundial , caracterizada por la intercomunicación y los efectos que sobre la situación general ejerce la revolución tecnológica y cibernética de nuestro tiempo.
Jurista, filósofo y escritor nicaragüense
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