Hay un gordo sonriente al centro. El resto parece estar disfrutando. Están entre amigos. Se ve a Jorge Solís, José Antonio Alvarado, Eddy Gómez, Alejandro Fiallos y Byron Jerez en calzonetas y brindando.
Arnoldo Alemán es el gordo que sonríe. Pero ahora el protagonista de la famosa imagen de la piscina evita las fotos y las entrevistas. Se está quedando solo. “El gran líder” del PLC no tiene el apoyo de lo que alguna vez fueron sus amigos, aliados e incluso sus ungidos.
“Alemán le ha hecho daño al partido. Lo tomó como su institución de beneficencia. No es un liberal, ni demócrata, es un oportunista”, dice Maximino Rodríguez, disidente del PLC y ahora miembro de la Alianza PLI.
Rodríguez no es parte de aquella foto descubierta en el escritorio del exdirector general de impuestos, Byron Jerez, tomada en 1997 o 1998, pero sí de otras fotos en las que como otros se abrazaba con Alemán, pero hoy son imposibles de repetir.
Rodríguez es uno de la larga lista que ha desfilado fuera del PLC por inconformidades con el manejo del partido. Otros siguen uniendo fuerzas para modernizar la estructura, pero a Alemán parece no importarle, pues aun con una “reingeniería” quiere seguir al frente del partido.
Para el jurista Sergio García Quintero, la crisis del liberalismo ya se veía venir. “Desde que Arnoldo Alemán tomó las riendas del partido e inició los pactos con Ortega firmó su sentencia. Él es el responsable”.
Sin embargo, García Quintero también critica a quienes se han retirado del partido.
“Para muchos —dice— el PLC fue una veta y ayudaron a Arnoldo a la traición de los valores del partido y ahora se van. Los más ambiciosos son los que lo apoyan todavía, pero el punto no es dejar las cosas tiradas. Ni el PLC ni la oposición ofrecen nada por ahora, lo que necesitan es reforzar el liberralismo a lo interno y desarrollar un plan de trabajo para sentarse a platicar con Ortega”.
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