Querida Nicaragua: Qué gran obra educacional hace la Fundación Zamora Terán. Están entregando sin costo alguno, en la Isla de Ometepe, cinco mil computadoras tipo laptop a todos los estudiantes de primaria.
Imaginemos lo que significa una computadora ante los asombrados ojos de un niño, que jamás soñó tener a su alcance esta maravilla digital que le abre las puertas del mundo con solo tocar un botón.
Ometepe es una isla privilegiada por Dios. Dos volcanes hermosísimos, playas de ensueño, tierras fértiles y abundantes cosechas.
Más privilegiada ahora, pues la Fundación Zamora Terán pone una computadora en las manos de cada niño. Fiesta enorme para ellos. Ahora tendrán un mundo de aprendizaje en sus manos y se enamorarán de su escuela y de su computadora.
La Fundación Zamora Terán sabe que la mejor inversión es educar a los niños. La educación es el comienzo del fin del flagelo de la pobreza. Ningún país deja de ser pobre si no educa a su pueblo.
Felicitamos a la Fundación Zamora Terán. Ellos invierten en la dirección correcta, en la educación.
Al observar hoy en día lo que es la informática, la apertura de todas las culturas a través de Internet, recuerdo mis días de estudiante en mi pueblo natal, Ciudad Segovia, Ocotal, y luego en León.
Ni siquiera podíamos imaginar una computadora, tampoco una simple calculadora, que ahora se compran por cuatro dólares en cualquier tiendita, y que con tanta precisión suman, multiplican, dividen, sacan raíces cuadradas y cúbicas, etc.
Antes, a nosotros, los pobres alumnos de entonces nos pasaban al pizarrón y nos dictaban el problema matemático.
Recuerdo con afecto a mi profesor de matemáticas de apellido Andino Tercero, que en paz descanse. Casi con malévolo gozo me enviaba de primero al pizarrón. “Gadea, decía, al pizarrón que le voy a dictar una ecuación de segundo grado”. Y comenzaba aquella ingrata tarea de llenar de números el pizarrón hasta encontrar el resultado. Sabíamos al tubo las tablas de multiplicar.
Y hablando de aquellos tiempos, recuerdo los bachilleratos en el Instituto Nacional de Occidente, en León. Eran bachilleratos en forma individual. El estudiante aprobaba el quinto año y luego tenía que presentarse al examen de bachillerato, lo cual era trascendental y ceremonial. El aspirante a bachiller, en traje formal, era sentado en un pupitre en medio de un salón. Frente a él los profesores y algunas réplicas de la universidad de León. El examen era oral. Los examinadores preguntaban sobre historia antigua, media y contemporánea, geografía de América y Europa, hechos históricos importantes como las guerras médicas y las guerras púnicas, raíces griegas y latinas, etc.
Luego venían las matemáticas en el pizarrón resolviendo problemas de álgebra, geometría, trigonometría, etc.
El examen comenzaba a las 9:00 de la mañana y terminaba a las 4:00 de la tarde. A esa hora el aspirante sabía si había optado o no al título de bachiller en Ciencias y Letras.
Hoy, los estudiantes son bachilleres con solo haber cursado el quinto año. Algunos de ellos no saben ni dónde queda el Momotombo.
Repetimos nuestra felicitación a Ometepe y a la Fundación Zamora Terán. Así se hace patria.
El autor es director general de Radio Corporación
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