Ramón H. Potosme
Salía Antonio Lacayo del despacho del expresidente Jimmy Carter, la noche del 25 de febrero de 1990. Afuera lo esperaban observadores internacionales con algunos resultados en la mano, con esos y los de sus fiscales reunió el uno por ciento de los votos. Aunque la muestra no daba tendencia dio casi los mismos resultados que la votación total. Significaba que una mujer, la madre, la vestida de blanco que pregonaba la paz se convertiría en la presidenta de su nación y culminaría la guerra y 11 años de gobierno sandinista.
Para Lacayo, se debe pensar en el futuro y una propuesta económica porque los conflictos bélicos quedaron en el pasado.
Pese a ello, considera que el país está intervenido por Venezuela y mientras esto se mantenga no hay salida democrática electoral.
“Habrá que esperar los cambios que inevitablemente vienen en Venezuela, para elaborar a lo interno esa propuesta de nación que nos permita trabajar juntos, no unos contra otros”, indicó.
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Horas antes, Lacayo, con la venia de doña Violeta Barrios de Chamorro, la candidata de la UNO, había tomado decisiones importantes. Primero, comprometerse a reconocer al ganador aún cuando había problemas con la tinta indeleble. Según él, había que confiar en la honorabilidad de personas como Mariano Fiallos Oyanguren al frente del Consejo Supremo Electoral (CSE).
Ya doña Violeta había hecho su parte, a las nueve de la mañana cuando se dispuso a votar. Ahí envió un mensaje para no desanimar a los votantes ante la fragilidad de la tinta.
“Se esforzó por generar confianza en la ciudadanía nicaragüense para que saliera a votar masivamente, a pesar de una denuncia que se había hecho sobre que a alguna gente se le borraba con facilidad la tinta negra del dedo. Esa denuncia, hecha por algunos miembros de la UNO, podría generar desaliento y cierta abstención” dijo Lacayo Oyanguren.
Esas elecciones, consideradas unas de las más transparentes, significaron la llegada de la democracia al país, para algunos sectores. Para Lacayo Oyanguren, la enseñanza principal es que unas elecciones libres son capaces de hacer verdaderos milagros.
Para el exministro de la presidencia, a quien señalan de ser quien realmente gobernó el país de 1990 a 1997, las elecciones libres pararon una guerra de 10 años y detuvieron la muerte de miles de jóvenes.
“Otro milagro es de que los nicaragüenses comenzáramos por primera vez en más de 50 años a gozar y disfrutar de todas las libertades democráticas que ni el somocismo ni el sandinismo se atrevieron a darle al pueblo. Y también salimos de la peor inflación que ha sufrido América Latina y el empobrecimiento que significó una caída del 30 por ciento de la economía de Nicaragua durante el régimen sandinista”, consideró Lacayo Oyanguren.
Para Lacayo, se debe pensar en el futuro y una propuesta económica porque los conflictos bélicos quedaron en el pasado. Pese a ello, considera que el país está intervenido por Venezuela y mientras esto se mantenga no hay salida democrática electoral. “Habrá que esperar los cambios que inevitablemente vienen en Venezuela, para elaborar a lo interno esa propuesta de nación que nos permita trabajar juntos, no unos contra otros”, indicó.
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