Elízabeth Romero
Las mantas exigiendo “justicia” volvieron a aparecer en La Concha. Ayer se cumplieron seis meses del asesinato del párroco de ese municipio, Marlon Pupiro.
“Han pasado seis meses y la herida sigue abierta, al padre Marlon no lo hemos olvidado… y no olvidaremos tampoco como fue su muerte”, aseguró el obispo auxiliar monseñor Silvio Báez.
El asesinato Báez lo calificó como un “atroz evento que ensangrentó a la Iglesia y humilló, denigró, rebajó a la sociedad nicaragüense, en aquel terrible mes de agosto”.
En la homilía durante el oficio religioso celebrado ayer en la parroquia de La Concha, Báez dijo que junto al Arzobispo de Managua, monseñor Leopoldo Brenes, concluyeron que la demanda de la Iglesia es la misma: conocer la verdad y exigir justicia.
Según Báez, el crimen contra el sacerdote les ha permitido valorar el ministerio sacerdotal cuando lo han visto “vilmente humillado en uno de sus ministros”.
También indicó que el padre Pupiro les ha ayudado “con su última predicación —como fue morir esa manera— a entender que la realidad del país es compleja y difícil y que hay signos de maldad y de violencia y que tenemos que estar atentos también nosotros a no dejarnos dominar por esas fuerzas tenebrosas”.
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