Terapeuta sexual y de parejas
Los humanos somos muy particulares en nuestra vivencia del amor y la sexualidad. Para empezar, pertenecemos al reducido tres por ciento de mamíferos que somos monógamos, nadie cría a sus hijos tanto tiempo como nosotros y la base de nuestra civilización es la familia y la transmisión de conocimientos y valores a través de la crianza de estos hijos. Todo esto basado en que vamos a amar a alguien para siempre.
Pero, ¿cómo es que nace este amor y cómo es que logramos que dure? La respuesta es muy poco romántica. Cuando nos enamoramos, la culpable es la dopamina. Esta es la hormona responsable de lo que llamamos “amor romántico”, es decir, la primera etapa del enamoramiento.
En los enamorados, la dopamina se manifiesta de la siguiente manera:
1. Nos obsesiona con la persona amada.
2. Enfoca toda nuestra atención en una sola persona.
3. Provoca que lo único que nos interese sea estar con esa persona todo el tiempo posible.
4. Nos llena de energía, a pesar de que nos quita el hambre y el sueño.
5. Nos hace ver a la persona amada como única, especial y novedosa.
6. Causa temblores, palpitaciones y respiración acelerada.
7. Nos produce una felicidad constante (mariposas en el estómago) ante la mínima posibilidad de rencontrarnos con esa persona, y a la vez ansiedad si no la vemos o contactamos de alguna manera.
8. Es la responsable por el incremento de la pasión de los enamorados cuando enfrentan una adversidad (distancia, situaciones de peligro u oposición de los padres a la relación). ¿Algo de esto te suena conocido? La mayoría de las personas que estamos o hemos estado en una relación recordamos con nostalgia este tiempo.
Es el más intenso y emocionante de la relación. Pero como uno no puede vivir así y tenemos otros asuntos que atender, la sabia naturaleza le ha puesto una fecha límite a este exceso hormonal.
Esta etapa de enamoramiento dura entre tres meses y tres años aproximadamente, dependiendo de las circunstancias en que se desarrolle la relación. Aquí un dato interesante: la mayoría de los divorcios se dan a los cuatro años de unión, justo cuando el enamoramiento y sus hormonas dejan de impulsar la relación.
Y después del enamoramiento, ¿qué? Pues la cruda realidad. El enamoramiento es una etapa donde obviamos lo que no queremos ver y si lo vemos, lo pintamos bonito. Pero después de que pasa, nos toca chocar con la realidad, y nos parece que nuestra pareja “ya no es como antes”, e intentamos hacerlo cambiar para que sea como era, sin darnos cuenta que la persona siempre fue así, y que lo único que ha cambiado es el ángulo desde donde lo vemos. Una paciente me lo planteó alguna vez muy sencillamente: “Yo me casé con un bohemio encantador y me estoy divorciando de un borracho irresponsable”.
Él siempre fue el mismo, pero irónicamente todo lo que la enamoró de él, la hastió más tarde. Como verás, este es un período de crisis profunda. Perdemos un montón de ideas acerca de la persona con quien estamos y nos toca evaluar si efectivamente nos queremos quedar con esa persona, a pesar de que no es como pensamos al principio. En caso de decidir quedarnos en la relación más a largo plazo, nos toca trabajar. Hasta este momento, el amor viene por inercia, pura hormona y pasión. Este paseo gratis se acaba y de ahora en adelante toca trabajar conscientemente para cultivar el amor. Un amor más maduro, sereno y duradero.
Una vez decidimos quedarnos con esta persona a largo plazo se genera el apego, un sentimiento de calma, seguridad y unión con un compañero a largo plazo. Esta decisión es impulsada por hormonas que se secretan durante el orgasmo. En las mujeres es la oxitocina y en los hombres por la vasopresina y ambas producen sentimientos de intimidad y cercanía entre los amantes. Como vemos, el sexo (del bueno) y las hormonas que se liberan durante este, tiene gran importancia en el mantenimiento de las relaciones saludables a largo plazo.
En una relación a largo plazo el sexo ayuda a las personas a reconectarse, a limar asperezas, a mantener la relación saludable, a renovar el compromiso y la motivación dentro de la relación y nos pone de buen humor, ayudando a evitar las discusiones. Parece receta para el éxito en las cuestiones del amor: Amor + sexo = juntos para siempre. Si fuera tan fácil, los terapeutas de pareja no existiríamos. En la práctica, el amor no es suficiente.
El 99 por ciento de las personas a las que les pregunto las razones por las que quieren seguir juntos, a pesar de los graves problemas por los que pasa su relación, me dan como razón el que sienten que aman a su pareja. Como que esto fuera antídoto para todo lo demás. Para que una relación funcione se necesita respeto, compartir valores, caminos de vida, metas, visiones, tolerancia, paciencia, capacidad de escuchar, habilidad para explicar al otro lo que necesitamos y un larguísimo etcétera. Puede ser que nos queramos mucho, pero si nuestra relación está plagada de problemas y sinsabores, no hay amor que aguante mucho tiempo. No me mal interprete. El amor es importante en una relación.
El amor nos motiva a trabajar por la relación, nos ayuda a convivir, nos vuelve tolerantes. Toda actitud es importante cuando emprendemos la difícil tarea de compartir nuestra vida con alguien, porque, siendo sinceros, la forma más cómoda de vivir es estando solos. Vivir en pareja es, ciertamente, mucho más interesante y estimulante y si conseguimos construir una relación saludable, cualquier incomodidad que nos produzca vivir con esa otra persona vale mucho la pena. Pero esta vida que vale la pena vivirla compartida es construida, con mucha conciencia, voluntad, cuidado y esfuerzo. Empiece a construirla. Si le cuesta o lo han intentado solos sin éxito, busque ayuda profesional.
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