No es que nuestros vecinos del sur sean perfectos y nosotros un total desastre pero hay que admitirlo, en muchos casos ellos hacen las cosas mejor que nosotros al punto de que los mismos nicaragüenses ya nos hemos acostumbrado a citarlos como ejemplo de las cosas que nuestra sociedad debería hacer mejor.
Los ticos han sido por mucho tiempo como el hermano que se porta mejor, que saca mejores notas, que mantiene su cuarto arreglado, que ayuda a los padres en las labores del hogar, el que siempre saluda, el que es educado, limpio y prudente. Nosotros, todo lo contrario.
Sin embargo, esta situación con el río San Juan de Nicaragua es el punto débil de nuestros hermanos “ejemplo”. Por alguna razón el río les hace perder la compostura y toda esa imagen que tienen ante los ojos del mundo —y ante nuestros ojos aunque no sea fácil admitirlo— se viene al suelo cuando el tema es nuestro río.
Da la impresión de que para ellos ese río les debería de pertenecer. Parece que consideran injusto que nosotros los nicaragüenses, con todo lo desastroso que somos en cuanto al manejo de nuestra política interna, en cuanto a cuidar nuestros recursos naturales, en cuanto a tener la capacidad de lograr por nosotros mismos un desarrollos sostenible nos “merezcamos” tener un río como el San Juan que en realidad es un recurso natural que en manos más “hacendosas” estaría puesto a un uso mucho mejor.
Pareciera que ellos consideran que nosotros “no nos merecemos” el río San Juan. Que en realidad son ellos los que se lo merecen, por todos los “méritos” que hacen y por su manera inteligente de mercadearse, de proyectar y explotar sus recursos y por haber logrado construir una sociedad que comparada con la nuestra es en realidad más justa.
Pero bueno, a pesar de todo lo bueno que ellos hacen y también a pesar de todo lo malo que nosotros hacemos la verdad es que el río es legítimamente nuestro. Una y otra vez a lo largo de la historia han tratado de hacerse con el recurso de una manera “civilizada” pero no han podido. La razón no les asiste.
Es por eso que aparentemente ahora han perdido toda compostura y han decidido construir la controversial carretera no solo paralela al río sino a orillas del río.
Nadie puede discutirle a los ticos su derecho a hacer una carretera en su territorio, pero la manera en que lo están haciendo y el lugar donde lo están haciendo claramente denota que la intención es hacerle daño al río.
De la manera que están actuando me recuerda al machista iracundo que le dice a la compañera “si no sos mía no sos de nadie” justo antes de matarla. Al parecer, si el río no puede ser de ellos no va a ser de nadie y prefieren verlo soterrado, dañado todo el ecosistema, pero no ajeno.
No importa que gran parte de la fama de Costa Rica ante el mundo se deba a su “conciencia ecológica”, tampoco importa su fama de sociedad civilista y cívica. Están dispuestos a sacrificar todo eso ante el mundo con tal de que el río no sea de nadie, igual que el macho descerebrado prefiere acabar sus días en la cárcel antes de ver a su mujer con otro.
La carretera tica le va a hacer mucho daño al río, pero indudablemente les va a hacer mucho más daño a ellos que en gran parte deben su estatus ante el mundo a la buena imagen que han cultivado. Deberían reflexionar un poco. Nosotros, por nuestra parte, deberíamos reconocer en el río las grandes oportunidades que tenemos y que constantemente desperdiciamos.
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