Una lectora de esta columna me dice que ha observado que algunas veces ofrezco datos contradictorios sobre los mitos acerca de los cuales escribo, y me pregunta a qué se debe eso.
Le respondo que es cierto que hay contradicciones, pero esto se debe a la diversidad de versiones e interpretaciones que es característica de los mitos. Lo cual se explica porque los mitos son leyendas que han ido de boca en boca y de pueblo en pueblo, que se han transmitido de cada generación a la siguiente y en este proceso inevitablemente han sufrido adaptaciones y modificaciones.
Acerca de esto el mitólogo español Rafael Fontán Barreiro ha escrito que los mitos son siempre relatos o “historias que se cuentan en cada pueblo y que llegan a formar parte de lo que consideramos sus tradiciones, de lo que por tanto constituye su identidad como pueblo frente a otros. Son historias —agrega el especialista español— que nos hablan de personajes, que están construidas alrededor de un protagonista o un grupo de protagonistas en torno a los cuales se mueve lo demás de la historia; estos protagonistas son los héroes de hazañas que el pueblo quiere conservar en su memoria, porque le ayudan a entender mejor lo que fue su pasado, le sirven para interpretar el presente y le ponen en guardia acerca de lo que puede esperar del futuro”.
Por su parte, el filósofo judío alemán y nacionalizado en Suecia, a donde tuvo que huir de las persecuciones nazis, Ernst Cassirer (1874-1945), escribió en un ensayo titulado La función del mito en la vida social del hombre : “De todas las cosas del mundo, el mito parece la más incoherente e inconsistente. Tomado literalmente, se presenta como una maraña urdida con los hilos más incongruentes ”
Pero no solo de los aspectos formales de los mitos se han hecho y transmitido diversas versiones, sino también sobre sus significados. Lo cual se debe, según otro eminente mitólogo español llamado José Antonio Pérez-Rioja, a que “lo mítico y lo simbólico son el producto de la reacción del hombre primitivo ante la vida, y, como consecuencia, la expresión en forma dramática —es decir, mediante acción y personajes, o a través de imágenes— de sus propias creencias. La mentalidad primigenia ha creado los mitos, muchas veces, como reflejo o imagen de fenómenos naturales. El mito es, en sus orígenes, una creación simplista o elemental”. Y explica Pérez-Rioja que “para el hombre primitivo, todo lo que estaba animado contenía un ser misterioso. El cielo —lo más alejado e inasequible para él— ha originado un gran número de mitos, basados en lo fantástico y en lo maravilloso ”
Para mí, más importante que la diversidad de interpretaciones de los mitos, y más interesante que el significado complejo que muchas veces se les atribuye a cada uno de ellos (por ejemplo el de Edipo, para citar uno de los más recurridos), es la fascinante imaginación de quienes crearon los mitos de manera espontánea, personas sencillas pero sabias y extraordinariamente inteligentes, que no se satisfacían con observar los fenómenos de la naturaleza y ser testigos de los hechos humanos, sino que les atribuían origen y explicaciones fantásticas.
Para citar solo un ejemplo, ¿acaso no es tan bella como un exquisito poema la explicación mítica de que la hermosa rosa roja nació de la sangre de Afrodita, la diosa del amor, cuando esta se espinó un pie mientras corría hacia donde agonizaba su amado Adonis, a quien lo había atacado mortalmente un jabalí?
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