En un artículo publicado en este Diario el 25/10/11, yo decía que «la historia de Nicaragua se ha visto a través de su vida republicana llena de tortuosas y laberínticas componendas, chantajes, extorsiones, fraudes, golpes de estado y asesinatos, teniendo la particularidad que la facción oponente al contendiente, salva al ilegal…».
Mientras el candidato presidencial Fabio Gadea no asumirá dignamente su curul, pues él ha sido claro en hablar de un gran fraude, los candidatos a diputados asumirán sus escaños. Eduardo Montealegre, “el líder» tras el candidato, siempre ha tenido la sutileza de hablar de “irregularidades», es decir estamos tras un fraude a medias, fraude para el candidato e irregularidades para el coordinador político del PLI-UNE, lo que confirma mi artículo del 25 de octubre. La gran hazaña: el pacto Alemán-Ortega ha terminado, y el PLI-UNE legítima lo que todos vimos, lo que el mundo vio, lo que la UE y la OEA vieron; pero, ¿acaso también los votantes legitimamos el fraude? No, pues, todos sabíamos lo que iba a suceder, queríamos ver cuán garra tendría el FSLN, al volarse todas las cercas, el pueblo tendió la trampa, igual los partidos políticos, la Iglesia, el que cayó en la trampa fue el FSLN.
Era evidente desde que negaban cédulas a la oposición e iban a cedular a adolescentes sandinistas, desde antes del primer fraude del 2008.
Pero hay que reconocer que se comenzó a legitimar desde que se concurrió a votar masivamente, con “lo inesperado”; lo que sellará la legitimidad es el levantamiento de la mano, el 9 de enero, con los diputados electos PLI-UNE, lo que significará que se acepta el establishment de Ortega en boca de Roberto Rivas, simple peón. Pero, ¿deben asumir? No, son producto de una farsa y lo más inconsistente es que no se les ha escuchado una agenda, a los electos; ¿qué van a hacer? No van a detener ninguna ley antidemocrática, claro, las prebendas cualquier mortal las aceptaría, pero más que eso, quizás son más valiosos fuera que dentro.
El peso del gobierno deberá recaer sobre la legislatura orteguista; por esa razón al ser cuestionado Enrique Quiñónez, reía sardónicamente: ¡verán a los diputados levantando la mano el 9 de enero, espetaba!
Si el PLC fuera inteligente, no asumiría tampoco los tres escaños, muy probablemente fueron asignados alevosamente, ellos tienen un voto duro, y comenzarían “la refundación de la república”, con un brillante Francisco Aguirre Sacasa, a quien dejaron escribiendo sobre Jorge Negrete.
Hay que romper el síndrome de estupor, que prima en la sociedad; todos reaccionaron tarde, la Iglesia católica, hasta que asesinaron al padre Pupiro, las agrupaciones de la sociedad civil, se movían parestésicamente, los partidos políticos confiaban, unos en sus fiscales y otros en el “tendido electoral”, todos dementes y desgastados.
Los viejos esquemas deberán ser rotos, por estos grupos nuevos de jóvenes adultos, que demandan nuevas propuestas; hay que romper paradigmas, no como dice el doctor Alejandro Serrano y mi amigo de adolescencia en Francia, el filósofo y excandidato presidencial colombiano Antanas Mockus, que con la educación llegaremos a la democracia ; primero debe ser el estado de derecho, la movilización deberá ser permanente e imperativa, así como rostros nuevos y frescos que tengan claro el respeto a las instituciones.
El autor es médico.
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