Bandos en pugna
El problema histórico de Nicaragua es que casi 200 años después de su independencia todavía continúa siendo un territorio en disputa. Todavía no hemos logrado establecer una identidad “nicaragüense” que nos una por la sola razón de que todos somos eso. Nuestro comportamiento es de bandos tratando de dirimir, muy estúpidamente, quién se queda con Nicaragua, como si eso fuera posible. O quién se impone sobre el otro. Y ese comportamiento exige que todo lo que hagan los “nuestros” será correcto, mientras todo lo que hagan los “contrarios” será equivocado, sin percatarnos que, siendo de cualquier bando, estamos “a favor de” muchas cosas en común y “en contra de” otro montón de cosas comunes. Reconocer esas cosas puede ser el punto de partida para un país distinto.
Contradicción
En una columna anterior hablaba de la paradoja que existe entre orteguistas y opositores, en tanto los primeros reprimen a los segundos cuando aquellos defienden libertades, que incluso le son esenciales a los propios orteguistas. Pero hay otra contradicción menos perceptible: entre Ortega y los orteguistas. ¿Acaso la sociedad que tiene en mente Daniel Ortega es la misma que quieren todos los orteguistas? O peor aún, ¿ese modelo de sociedad que busca Ortega y su grupo es el que le conviene al orteguista que sale con mortero y uniformado a engrosar los grupos de choque? Creo que no.
Deseos navideños
Si el Niño Dios pudiera concederle a Daniel Ortega los cambios que quiera hacer en Nicaragua, ¿cuáles serían estos? Probablemente, uno de los primeros sería terminar con los medios independientes que aún quedan en el país, hacer un solo partido y eliminar ese engorroso y molesto proceso para mantenerse en el poder llamado elecciones. Todos estos deseos ya los ha manifestado Ortega muy abiertamente en una que otra ocasión.
Sociedad uniforme
Ahora veamos el caso de Juan Pérez, el muchacho orteguista del barrio, que recibió algún dinerito por andar en las fuerzas de choque, camisetas, tal vez zinc para su casa y la satisfacción de sentir que se volvió autoridad mortero en mano entre los suyos. Pero, ¿es esa sociedad orteguiana la que quiere o le conviene? Encender su televisor y ver un solo mensaje en todos los canales, dejar de tener otro punto de vista sobre lo que sucede en Nicaragua, y que si ahorita está agarrando algo de dinero porque el tío rico Mac Chávez está regalando plata, mañana cuando no haya, y quiera reclamar otros, al igual que él, le caerán a piñazos, porque estas sociedades no toleran el reclamo.
Ser enemigo
Y no es necesario irnos años más tarde para comprender este punto. Voy a poner dos pequeños ejemplos recientes. Cuando en los medios de la familia Ortega violentaron derechos laborales de sus trabajadores, varios periodistas se quejaron, anónimamente por supuesto, ¿adivinen dónde? En los medios “de la derecha que el imperio ha instalado en la Carretera Norte”. También, cuando los estudiantes, muchos de ellos, Juventud Sandinista, reclamaron porque solo les estaban dando 300 córdobas del bono postelectoral que les prometieron, algunas autoridades de gobierno y directores de colegio aparecieron diciendo que estos jóvenes eran “manipulados por la derecha”. Reclamar, como se ve, es convertirse en enemigo. Y ellos más que nadie saben cómo se trata al “enemigo”.
Nicaragua del 2021
Con esto lo que quiero establecer es que en el fondo, y aunque parezca difícil reconocerlo, hay mucho en común entre quienes están en uno y otro lado. Que todos queremos libertad para expresarnos, movilizarnos, queremos acceso a la educación y la salud y a las viviendas dignas, y que no queremos abusadores, corruptos y tiranos en el gobierno. Que entre un joven Rejudin y otro Juventud Sandinista hay más cosas en común que en contra, y que deberíamos tomarnos en serio encontrar esos puntos de coincidencia ahora, para que el 21 de septiembre de 2021, cuando cumplamos 200 años, seamos el país que queremos, sin tener que llegar a otro enfrentamiento armado.
Twitter: @fabian_med