Virtual Life
2- Proteja su información. Si no puede evitar conectarse en un lugar público, asegúrese de tener tus datos protegidos, no solo por contraseña, sino también con programas de cifrado.
3- Asegure su red WiFi. Desde el momento en que tenga una conexión inalámbrica, protéjala con una contraseña que no sea la de fábrica o un simple “1234”.
4- No comparta su contraseña. Finalmente, evite compartir contraseñas con amigos o vecinos, pues no sabe el uso que le darán a su red.
Con estos sencillos consejos podrá evitar que su conexión sea utilizada para cometer un ilícito, y ahorrarle muchos dolores de cabeza.
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Aunque nadie puede negar las ventajas de que una ciudad cuente con lugares con conexión a Internet inalámbrica gratuita en diferentes locaciones para mejorar la brecha digital y acercar el acceso a Internet a la población en general, esta “libertad” también trae consigo una serie de riesgos de seguridad informática.
Para los usuarios de estas redes, adentrarse en estos espacios libres conlleva el peligro de ser víctimas de un robo de información, un fraude informático o de algún ciberataque de phishing y malware, entre otros.
Sin embargo, otro riesgo de estas conexiones WiFi abiertas es que sirvan como espacios desde los cuales los ciberdelincuentes puedan cometer delitos sin temor a ser descubiertos o rastreados. Y esto también se aplica a las redes WiFi privadas que no están protegidas por una contraseña.
“Asegurar nuestra red WiFi es mucho más importante de lo que la gente piensa. El riesgo no es solamente que algún vecino se cuelgue de nuestra red y esta se vuelva mucho más lenta, sino que un delincuente podría meterse a nuestra red y –además de amenazar nuestra información y dispositivos conectados a ella– desde allí podría cometer toda clase de delitos, involucrándonos en su fechoría”, afirma Andrés Velázquez, presidente y fundador de MaTTica, primer laboratorio de Cómputo Forense en América Latina.
Existen 6.3 millones de hogares con conexión a Internet en América Latina, pero la mayoría de los usuarios se conectan desde lugares públicos. Este panorama resulta muy atractivo para los ciberdelincuentes, pues bastaría que una tercera parte de los usuarios dejaran sus conexiones inalámbricas sin contraseña –o con la que viene de fábrica– para que hubiera miles de espacios abiertos para el crimen.
“Parece difícil de creer, pero dejar abierto nuestro WiFi podría significar que legalmente estas ‘incitando al delito’, ya que ofrecemos una puerta abierta, y nuestro permiso, para que cualquiera pueda cometer cibercrímenes sin ningún inconveniente”, especifica Velázquez.


