El Consejo Supremo Electoral es el cuarto poder de la República. Tiene como lema “fortaleciendo la democracia” y es cierto. Bueno, en realidad sería cierto si hiciera su trabajo correctamente.
Este Consejo Supremo Electoral sin embargo lleva tres elecciones fraudulentas al hilo. Las municipales del 2008 cuando se robaron al menos 40 elecciones incluyendo Managua. Las regionales en las que se robaron varios escaños para cambiar la correlación de fuerzas en el Consejo Regional del Atlántico Sur y las elecciones generales de este mes, cuando a lo largo de un oscuro proceso se robaron una cantidad de votos que nunca se sabrá porque no se trata solamente de los descomunales problemas que este Consejo Supremo Electoral puso en el camino de los ciudadanos el día de las elecciones sino el desorden, el favoritismo y la partidarización que fomentó a lo largo de todo el proceso de cedulación y el proceso electoral mismo.
Así que si vamos a pensar en que este país tiene que regresar al sendero de la democracia tenemos que forzar, exigir, demandar que todos los magistrados del Consejo Supremo Electoral sean sustituidos y que la Ley Electoral sea reformada.
Es cierto que democracia no es solo cumplir con el ritual de la votación ni tampoco es solamente organizar elecciones transparentes (ya no digamos la payasada que hacen aquí), sin embargo elecciones libres y transparentes son los cimientos de cualquier democracia. Que la ciudadanía sepa que con su voto puede quitar y poner al gobierno que desea es el primer paso para construir una sociedad democrática pacífica y próspera. Si no se tiene eso no se puede construir nada sólido como sistema político.
El mismo presidente Daniel Ortega no puede creer que seguirá gobernando con tranquilidad si piensa que puede seguir robándose elecciones. Si piensa que puede tratar a los ciudadanos como de primera, segunda o tercera clase. Si piensa que aunque el pueblo vote de una manera él puede cambiar esa voluntad sin tener consecuencias.
El sistema electoral actualmente está herido gravemente y en menos de un año están programadas las elecciones municipales. Es cierto que en estos momentos cientos de miles de nicaragüenses están pensando en que no vale ni la pena salir a votar ya que si Ortega se robó 40 alcaldías y secuestró otras tantas a lo largo de estos tres años para controlar 120, de las 153 alcaldías, entonces el próximo año seguro que va por las 153.
Pero que la gente no salga a votar porque sabe que le van a robar el voto es insostenible.
Es cierto que en muchas democracias consolidadas hay un alto grado de abstención, la gente no sale a votar, pero no lo hace porque sabe que su sistema de vida no va a cambiar si gana zutano o perencejo. Además, la mayoría está satisfecha con el sistema y por eso le da lo mismo quién gane.
Sin embargo, si en algún momento la gente empieza a sentir insatisfacción con el sistema va a salir a votar porque sabe que con su voto puede cambiar las cosas. Pero si de pronto resulta que los gobernantes le secuestran la voluntad y dan ganador al que la mayoría rechaza, entonces se está preparando un caldo para la inestabilidad que podrá llegar más tarde que temprano o al contrario, pero va a llegar.
Tanto para Ortega como para sus allegados, que se han convertido en una élite económica en este país, como para la oposición y para toda la ciudadanía, lo más conveniente es un Consejo Electoral imparcial y transparente, así como una Ley Electoral eficiente que garantice que la voluntad popular se respete.
El grave problema que veo es que el compañero comandante pueblo presidente Daniel y su círculo tal vez no sean capaces de tener esa visión. Si no veamos a quiénes admira este señor: Fidel Castro, Muamar Gadafi y Hugo Chávez. Dos de ellos nunca creyeron en las elecciones, al punto de que nunca participaron en una y el tercero solo cree en ellas si las puede controlar.
El señor Ortega puede tener la esperanza de llegar a terminar sus días como Fidel Castro, quien parece que lo va a hacer plácidamente en una cama, pero la historia nos dice que también podría ser que termine como lo hizo Muamar Gadafi.
Y pensar que todo eso lo puede evitar con solo tener la firme voluntad de garantizar un Consejo Supremo Electoral que fortalezca la democracia. Con eso se le facilitarán mucho las cosas ya que aunque ahora tiene la sartén por el mango no siempre va a ser así.
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