La casi general inquietud del asombroso resultado de los comicios presidenciales recién pasados, emitido por la dirección del Consejo Supremo Electoral, a toda la ciudadanía nicaragüense, de una u otra forma nos ha impactado; el que viéndolo al margen de la política sectorial y sobre todo desde la observación imparcial, como la de los de la Comisión de la Unión Europea, que emitieron su informe, con la sutil claridad del sentido diplomático.
Ellos, expusieron entre otras cosas la mala dirección del Consejo Electoral, que sin neutralidad y notoria falta de transparencia en el desarrollo de los comicios, hubo distintas y comprobadas anomalías. Dicho informe no pudo ser más claro; y como voluntarios y veraces observadores, con ello, cumpliendo su misión a cabalidad, indirectamente han emitido un justo juicio. Quedando así el expediente con pruebas de toda índole, expuesto en manos de la ciudadanía.
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Sin la presunción de ser analista político y al margen de todo sectarismo, habiendo tantas fallas comprobadas, como ciudadano que cumple sus derechos y deberes ciudadanos, me permito externar mi opinión, que sin temor a equivocarme creo debe ser la de la ciudadanía consciente, que en todo concepto debe desconocer el reconocimiento que el Consejo Electoral ha hecho del candidato del FSLN; y, cívicamente por ningún punto debe aceptarse su validez.
Ya Amcham, el Cosep y otras organizaciones civiles se han pronunciado al respecto. Así la gran mayoría auténtica del pueblo que está siendo víctima fraudulenta, utilizando su derecho y cívicamente organizado debe hacer su reclamo por la violación de que está siendo objeto, por el susodicho Consejo, que de hecho es un organismo de facto y ha reconocido ganador, al también consabido ilegal candidato del FSLN. Se dice que: derecho que no se reclama, es derecho que se pierde.
El justo reclamo, me permito repetir, debe hacerse con verdadero civismo, para lo cual hay distintos y positivos medios civilizados, sin que para lograrlo haya que emplear la violencia, que es lo que también por todos los medios debe evitarse, ya que cuando por desgracia se cae en ella, en ningún sentido se logra algo positivo; y cuando a veces se ha conseguido, ha sido al costo no solo de la destrucción material, sino con la pérdida irreparable de muchas vidas. Ya aquí ha habido una tétrica experiencia; y no se ha escarmentado; que Dios nos libre de ella.
La Carta Magna en su artículo 168, cuando en elecciones, como en las recientes, ha habido tantas fallas comprobadas, no se reconoce su validez; por lo que, con dignidad y civismo el presidente, acatando su nulidad, debe convocar a nuevas elecciones, aún aceptándose la suya, a pesar de la invalidez de nominarse candidato, por su bien conocida violación constitucional. Pero, para todo hay solución; y no es tarde para rectificar, pues ello es de meritoria grandeza.
El autor es miembro de ciudad de Dios y Redemptor Hominis.
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