Sí, pero no…
¡Qué bárbaros! Hay quienes piensan que, mal que bien, hubo elecciones en Nicaragua. Es cierto, dicen, que hubo irregularidades (así les gusta llamar a las trampas), es cierto que no se pudo contar bien los votos, es cierto que no se han publicado los resultados junta por junta para saber de dónde salieron esos números… Pero los resultados que anunció Roberto Rivas, se consuelan, son más o menos parecidos a lo que decían las encuestas. Y al final, esa es la única garantía de que ganó. Ese es el punto: no hubo elección, solo acomodamiento de datos a conveniencia de Daniel Ortega.
Derroche
Mil millones de córdobas se hubiese ahorrado Nicaragua si el presidente Daniel Ortega, muy a su costumbre, hubiese decretado de un solo que él ganaba con el 63 por ciento de los votos, y no se hace toda esta pantomima para justificar la cantidad solicitada.
Matemáticas
La mejor prueba de que no hubo elección es que a estas alturas, y pese a las reiteradas promesas de Roberto Rivas, el CSE no ha podido colocar los resultados de la votación junta por junta. Ni creo que lo haga algún día. ¡Es que no pueden! ¿De dónde salieron entonces esos números que coloca a granel en la web? ¿Por qué no pudo en el 2008 y ahora dar los resultados junta por junta? Es asunto de matemáticas. Quedarían en evidencia. No han logrado ajustar las cuentas a sus resultados.
CSE privatizado
Estamos ante un aparato electoral que ha sido privatizado por un partido. Este Consejo Supremo Electoral de ahora pertenece al Frente Sandinista, y mientras no haya un cambio de raíz, estructural, seguiremos cada cinco años jugando a que elegimos a quien el Frente Sandinista quiera que elijamos.
Pregunta
Valga hacerse la pregunta: ¿podría el Frente Sandinista haber perdido estas elecciones? ¿Qué tendría que haber pasado para que Roberto Rivas leyera resultados que obligaran al Frente Sandinista a entregar el poder? ¿Cree usted que hubiese bastado que Daniel Ortega tuviera menos votos? Las respuestas honestas a estas preguntas son las que hacen imposible que haya otras elecciones con estos mismos señores haciendo las veces de árbitros electorales. Ni una más.
Triquiñuelas
No se trata de no aceptar al que ganó. El asunto es más grave. Si aceptamos como válidas estas elecciones, estaríamos aceptando un cambio de sistema para elegir a nuestras autoridades, donde ya no decide el voto del ciudadano sino las triquiñuelas que haga un partido. Todo lo contrario. El fin de la democracia.
Que se vayan
Por justicia, por sanidad mental y moral para la sociedad nicaragüense, estos señores que hoy ostentan los máximos cargos en el Consejo Supremo Electoral deben irse. Estoy claro que no son ellos los únicos responsables de sus acciones, ni se arreglará con su ida el problema de fondo, pero cada minuto que pasen ellos en esas sillas es una vergüenza nacional para todos. Tanto para quienes les han robado sus votos, como para aquellos que les hicieron el trabajo sucio y les recuerda su crimen.
Pillos de la historia
La historia dedicará en su momento un par de líneas a dos personajes claves para que Daniel Ortega haya llegado al poder siendo minoría y se haya reelegido a pesar de todas las prohibiciones que la ley le imponía. Arnoldo Alemán y Roberto Rivas. El primero, de la misma saga, aunque con menos luces, de los Emiliano Chamorro y Fernando Agüero. Pactista como solo él. Entregó todo hasta el suicidio. Y el segundo, discípulo de Modesto Salmerón, el mandadero que tenía Anastasio Somoza García y que a veces lo ponía a administrar sus propiedades y otras a servir de juez electoral en las “elecciones” que él siempre ganaba. Cero escrúpulos. Siempre hay pillos en la historia.
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