Tammy Zoad Mendoza

Tiempo de protesta

¿Por qué andás vestido de negro? “Porque Nicaragua está de luto”. “Porque apoyo la protesta”. “Porque me dijeron que me tenía que vestir así hoy”. ¿Por qué no andás de negro? “Porque solo vengo a ver”. “Porque no necesito vestirme de un color para demostrar cómo pienso”. “Porque no quiero que me asocien a ningún grupo”.

Por: Tammy Zoad Mendoza

¿Por qué andás vestido de negro? “Porque Nicaragua está de luto”. “Porque apoyo la protesta”. “Porque me dijeron que me tenía que vestir así hoy”. ¿Por qué no andás de negro? “Porque solo vengo a ver”. “Porque no necesito vestirme de un color para demostrar cómo pienso”. “Porque no quiero que me asocien a ningún grupo”.

Aquí hay de todo. Jóvenes con pinta de rockeros, nerdos, fresas y “normales”. Hombres y mujeres. Una de ellas con la cara cubierta por un pañuelo naranja. “La Cachorra”. Algunos se conocen, otros jamás se habían visto. Gritos, pancartas y pailas. Banderas.

Al otro grupo no hay que preguntarle mucho. O todo lo recitan en un canto memorizado o verdaderamente no tienen nada que decir. Jóvenes, en su mayoría, uniformados con camisetas blancas plagadas de símbolos sicodélicos. Gritos, música y morteros. Banderas.

Los vendedores ambulantes que trabajan en la zona saben que la tarde va a estar movida. Al principio intentan seguir trabajando en los semáforos de Villa Fontana, pero a medida que la protesta va arreciando, el tráfico se espesa y el humor de la gente también.

Con frecuencia, uno y otro grupo se ven las caras, frente a frente, porque los segundos realizan una suerte de persecución contra los primeros, de tal forma que donde anuncian una protesta, ahí aparecen los sicodélicos y creo que nunca sucede al contrario. La última vez que se encontraron la Policía Nacional estuvo invitada. Llegó, pero se quedó solo para ver el espectáculo. Lluvia de insultos, bolsas de agua y piedras.

Esta vez no han llegado los perseguidores. La protesta es más nutrida, la gente menos tímida y el ambiente menos pesado. “Nos tienen miedo porque no tenemos miedo”, corean. Unos envalentonados agitan los brazos y se ponen eufóricos. Se paran temerarios frente a los carros y denuncian el fraude.

La verdad es que algunos sí tienen miedo, pero aún así salen a las calles. “Ayer ahí en la UCA estuvo feo, cuando vi que los de la JS venían sobre nosotros, yo salí corriendo. No volví”, confiesa Andrea Cuadra, la joven blanca, alta y robusta, que vuelve a la calle a protestar con el pulmón en la boca.

“Ando con todos y con ninguno. Protesto porque estoy en contra de lo que pasa”, reconoce otro chavalo, con aspecto de nerd que está junto a una joven menuda que no deja de sonar una paila. ¿Qué es lo que pasa?, pregunto. “Que nos robaron a la luz del día, que votamos y no nos tomaron en cuenta”. Está inconforme y cada vez que puede lo dice. Es de los que discute, los que se agitan, los que por mostrar que están en lo cierto pierden la razón. Como aquel hombre que cuando ve que llega la Policía empieza a arrancar como loco un par de adoquines. Lo frenan. “La Cachorra” está en contra de la violencia. Es de los enérgicos, pero sensatos. “No nos pongamos como ellos, es una protesta cívica”, dice.

Otros andan como “parte de la pelota”. No gritan, poco hablan, solo suman gente. Por el contrario hay otros que encuentran el momento perfecto para actuar.

Pasa un bus en el que van un par de jóvenes con camisetas de la JS. Pasa un vehículo con una bandera del FSLN. Pasa una señora en una camioneta, saca el brazo izquierdo mientras conduce, con el puño cerrado luego saca el dedo del medio y sacude el brazo.

“¡Se las robaron, se las robaron, se las robaron!”, estallan los gritos. A medida que avanza la tarde los ánimos aumentan. Paran el tráfico y repiten consignas: “¿Que se reelija quién? ¡Tu madre!” Están eufóricos. Los invade la emoción cuando la gente que pasa los apoya, sonando las bocinas de los vehículos, aplaudiendo o saludando con los brazos en alto.

Alguien toma el micrófono. Ya hay suficiente público, sobre todo medios de comunicación. Es su momento de hablar, aunque no todos le presten atención. No quieren oír una vez más al joven que siempre habla.

Docenas de hombrecitos azules acompañados de los hombres de negro. Policía y Antimotines. Nadie los llamó y no hay indicios de algún motín. Pero no importa, la actividad sigue. En caso de que llegaran más invitados, los jóvenes esperan que ahora los agentes “hagan algo”. Cada cual a lo suyo.

Un par de horas en el semáforo y los vendedores se han sentado en la periferia a ver lo que pasa. Son apáticos con el tema, solo quieren vender.

“Necesitás más que valor para salir. No es solo pertenecer a un grupo o otro. Es saber qué pedís y tener fundamentos para exigirlo”, dice el joven mechudo, de ojos claros y labios gruesos al que pregunté hace unas horas por qué había venido. Ya la protesta se ha disuelto y la Policía se queda. Los jóvenes se van, pero prometen volver. Habrá que ver cuántos y quiénes se suman a la próxima protesta.

La Prensa Domingo juventud Necesidad protesta archivo

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí