Por Eduardo Enríquez
Si las elecciones municipales del 2008 fueron el fraude mejor documentado de la historia, las elecciones generales del 2011 pasarán a ser las mejor descritas: falta de transparencia, falta de ecuanimidad, falta de imparcialidad, doble rasero, partidarización y un largo etcétera. Sin embargo, una vez que la descripción está completa, todavía hay algunos que se preocupan por «encontrar la prueba» del fraude.
Para mí esa preocupación es sobrancera. Y digo esto porque hay que ver cómo el sistema está diseñado. Esto no es derecho penal en el que los criminales son considerados inocentes hasta que se les pruebe lo contrario. En este caso se tienen que cumplir todos los pasos del proceso para que la elección sea clara, limpia y que respete todos y cada uno de los votos de los ciudadanos.
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Para no enredarme me voy a auxiliar de un jurista: el doctor Gabriel Álvarez, experto constitucionalista lo dijo en la edición del viernes: «No es cualquier proceso electoral que le da legitimidad a la autoridad que sea, sino el proceso que ha diseñado el pueblo a través de su Constitución y este proceso violentó de forma drástica cada una de las fases y todos y cada uno de los componentes fundamentales de un proceso electoral, de tal modo que estas elecciones son las diseñadas por Daniel Ortega Saavedra y no las diseñadas por la Constitución de la República».
Pero bueno, algunos podrán alegar que eso lo sabíamos desde el principio. Y claro que lo sabíamos desde que Daniel Ortega impuso su inconstitucional candidatura, y esas personas siempre alegaron que no se debió haber ido a las elecciones, pero la verdad es que de no haber ido a las elecciones Ortega hubiera seguido con sus candidatos del zacate de la ALN y el Apre. En caso de duda los remito a las elecciones que ganó Ortega en 1984 o las elecciones legislativas venezolanas en las que la oposición decidió no participar y por ello se van a arrepentir por años. Dejar de participar no era opción.
Los ciudadanos habíamos aguantado que Ortega impusiera su candidatura y que las elecciones las organizara un grupo de personas que, además de que ya se habían robado una elección, no tenían la autoridad para actuar esta vez porque sus períodos ya están vencidos, e incluso sabíamos que si el orteguismo no podía ganar las elecciones por las buenas lo harían por las malas, pero es por eso que la participación era lo correcto porque ahora nos permite señalar todas las irregularidades que nunca habrían sido denunciadas por los candidatos de zacate, que como vemos han guardado un silencio sepulcral desde el 6 de noviembre.
Fue precisamente la participación de la oposición verdadera en estas elecciones la que ahora nos permite dejar claro que no se cumplió con todo el proceso. Ahora sabemos que los consejos electorales departamentales y municipales fueron compuestos de manera irregular, dando mayor peso a los micropartidos como el Apre, que ni siquiera logró en votos la cantidad de gente que en teoría habría puesto como fiscales o miembros de mesa.Ahora sabemos el abuso que se dio al no darles credenciales a los fiscales del PLI en un 20 por ciento de las Juntas Receptoras de Votos y además sabemos que en otro 10 por ciento fueron expulsados algunos a punta de machete.
Ya solo con estos contundentes ejemplos queda claro que, como dijo la Unión Europea, una gran parte del resultado que salió del escrutinio de los votos, el domingo en la noche, no puede ser confiable, sobre todo porque como dijo el jefe de observadores de la OEA, Dante Caputo, en otra gran cantidad de JRV ni siquiera pueda certificar que las juntas se abrieron en regla.
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