Querida Nicaragua: Hace más o menos año y medio tuve la intención de copiar un pensamiento de esos que salían diariamente en la página de opinión de la prensa y que son frases que han dicho hombres destacados y famosos. La frase que leí decía más o menos lo siguiente: “No hay espejo que refleje mejor la vida de un hombre, que sus palabras”. Es decir, que al hombre o a la mujer naturalmente, se les conoce por lo que dicen, por lo que expresan. Sus palabras son la imagen perfecta de toda su personalidad.
Cuando un hombre habla y habla durante horas y horas, como lo ha hecho en centenares de ocasiones don Fidel Castro a través de su vida, inmediatamente se le conoce como un charlatán, y en el contenido de sus peroratas se adivina que es un mentiroso, irrespetuoso de la vida de los demás, un perfecto demagogo. Que es un hombre que no respeta el derecho humano fundamental de la palabra de los otros, la única que vale es la suya. Y además, lo peor, que es un hombre para quien no existe la palabra libertad.
Otro que habla y habla hasta por los codos es don Hugo Chávez, supuesto heredero del reino caribeño que pretende dominar. Sus palabras son un clarísimo espejo de su carácter tiránico, de sus intenciones dictatoriales vitalicias, de su megalomanía de creer que él es único en el mundo, que ha nacido como la reencarnación del libertador Simón Bolívar, que Dios lo ha puesto ahí para entronizarse para siempre en el poder y para no permitir que nadie levante la mano sin que se la corten. Una vez más, la palabra nos está retratando quién es y hacia dónde va don Hugo Chávez.
Tan solo dos ejemplos para darnos cuenta del valor de las palabras y lo que nos enseñan de la personalidad de los seres humanos.
Pero aquí estamos hablando de dos personajes públicos cuyas acciones están a la vista y reflejan exactamente la demagógica de sus palabras.
Al ciudadano que ejerce cualquier profesión, al ciudadano común y corriente, cuando le escuchamos estamos recibiendo el retrato de su personalidad. Sus palabras son el espejo de su carácter, de su educación, de su estilo de vida.
Así, cuando oímos a don Daniel echando fuego sobre el imperialismo norteamericano y hablando maravillas de Chávez, Correa, Evo Morales, sus palabras nos están diciendo quién es él.
Cuando habla de los pobres condoliéndose de ellos, mientras se hace dueño de cuatro canales de televisión, de un hotel de lujo, de no sé cuántas propiedades, camina en un Mercedes Benz y vive en un complejo de casas de lujo cercadas por la Policía para que nadie circule por ahí, ya sabemos que quien habla es un demagogo. Quien nunca habla de los derechos de todos y todas las nicaragüenses y tiene preferencias tan solo para los simpatizantes de su partido, ya sabemos que estamos ante un dictador autoritario, y quien habla de que los partidos políticos son un estorbo y que lo mejor es que haya un solo partido con un presidente vitalicio, también sabemos que está hablando un caudillo que quiere quedarse en el poder para siempre.
El autor es director general de Radio Corporación
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