Por razones ajenas a nuestra voluntad, muchos nicaragüenses que nos encontramos allende nuestras fronteras patrias —los que ya sumamos más del 10 por ciento de nuestra población o sea alrededor de 650 mil personas— no podremos el próximo domingo 6 de noviembre ejercer nuestro derecho al voto, para elegir a las supremas autoridades de la República que habrán de regir los destinos de nuestra nación en los próximos cinco años.
Esto es lamentable debido a la incuria de los anteriores gobiernos, que nos han negado ese derecho, a pesar de que mantenemos nuestro amor inalterable hacia la tierra que nos vio nacer y contribuimos económicamente a su sostenimiento, mediante el envío de remesas valoradas en más de mil millones de dólares anuales, producto de nuestros sudores en el exterior.
No obstante lo anterior, consideramos que no solo es un derecho sino que es una obligación de nosotros, los que estamos fuera del país, opinar sobre dichas elecciones.
En primer lugar, queremos decirles a nuestros hermanos nicaragüenses, que hay que ir a votar. Sabemos que el FSLN, con la aquiescencia de los magistrados del Consejo Supremo Electoral (CSE) y con la complicidad vergonzosa de corruptos partidos neo-zancudos, van a tratar de montar un monstruoso fraude electoral al mejor estilo somocista. Esto lo vienen tramando desde hace algún tiempo. Solo una votación masiva a favor del cambio y la participación activa de la Observación Electoral podrán evitar que ese crimen de lesa humanidad se cometa.
En segundo lugar: Hay que votar por el cambio que según mi opinión representa la Alianza PLI encabezada por Fabio Gadea. Mantener a Daniel Ortega y a su camarilla en el poder sería el peor error que puedan cometer nuestros compatriotas. El FSLN tiene 32 años de estar mandando, desde arriba y desde abajo, y Nicaragua a pesar de sus enormes riquezas naturales sigue siendo uno de los países más atrasados del continente americano. Además, históricamente está demostrado que no conviene mantener por mucho tiempo a un hombre en el poder porque como dice el expresidente de Brasil, Lula Da Silva: “Cuando un líder político comienza a pensar que es indispensable y que no puede ser sustituido, comienza a nacer una dictadura”. La inconstitucional reelección de Ortega solo es preludio de sangre, destrucción y muerte. Las dictaduras de Zelaya y Somoza, son el mejor ejemplo de lo que afirmo. Es bueno también recordar lo que a propósito expresaba Bernard Shaw: “Los pañales y los políticos deben de cambiarse cada cierto tiempo por las mismas razones”.
En tercer lugar: Hay que estar preparados para defender el voto. De nada sirve triunfar si no prevalece la victoria. Tiene razón el Cenidh cuando proclama: “Derecho que no se defiende es derecho que se pierde”. La opinión pública internacional y los gobiernos democráticos de occidente y oriente están conscientes de que en Nicaragua se prepara un fraude. Pero solo el coraje y la voluntad de los propios nicaragüenses harán que estas poderosas palancas funcionen en beneficio de la democracia política, económica y social en nuestro país. Recuerden que el voto es secreto y de lo que rubriquen en su boleta solo lo sabrá su propia conciencia, pero que la repercusión de ese voto será de feliz o funestas consecuencias para nuestro país en los próximos cinco años. Tampoco olviden aquellas tres palabras lapidarias que en momentos cruciales de nuestra historia nos dirigió Su Santidad Juan Pablo II: “¡No tengáis miedo!”
En suma, lo que esperamos de nuestros hermanos nicaragüenses —los que estamos en el exterior— es que se repita la gesta del 25 de febrero de 1990 cuando nuestro pueblo, superando múltiples dificultades, abrió la posibilidad de que nos encauzáramos por la senda del progreso y de la libertad. Los errores que cometieron después algunos llamados dirigentes democráticos no tienen porque sepultar a los nicaragüenses en el tormentoso mar de la desesperanza.
El autor es Secretario General de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).
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