Noviembre, el penúltimo mes del calendario anual, la liturgia católica, comienza su primer día celebrando el día de todos los santos, conmemorando a los que supieron cumplir a cabalidad su misión terrena. El segundo se dedica a los difuntos; y popularmente en todos los niveles sociales, los que han tenido la pérdida de sus seres queridos, al recordarles, es tradicional costumbre la visita a sus tumbas llevándoles flores; y los creyentes, avivan su oración por ellos.
Los primeros días del mes de noviembre de este año, específicamente para Nicaragua, son de trascendental importancia, ya que en ellos de manera especial, este domingo 6, que son los comicios electorales para elegir al nuevo presidente de la República, se juega el futuro de nuestro pueblo, el que con raras excepciones desde la independencia, por sus malas administraciones, teniendo todo lo necesario para prosperar se ha dilapidado.
Por ello, con el ejemplo de los santos y el desconocido destino de los difuntos en el viaje sin retorno, el que tarde o temprano todos tenemos que hacer, al no conocerse la conciencia de quienes nos han precedido, solo se aprecian sus vitales actitudes, las que si se ajustan a los principios cristianos, definidos también en gran parte en los morales y cívicos, de cierta manera se cumple parte de la misión que con la vida nos da el Creador de todo lo que existe.
Amerita reflexionar en nuestras propias actitudes, porque aunque nuestra existencia está en las manos de Dios, que es el único que sabe cuándo y en qué momento se ha de extinguir, con el raciocinio que nos ha dado, está en nuestras manos y en nuestra propia conciencia forjar nuestro destino y con él también el de nuestra patria. En cuanto a la actitud a asumir en los próximos comicios, a lo que por ninguna causa se debe faltar, considerar bien por quién votar.
El reciente mensaje de la Conferencia Episcopal, cumpliendo con el Magisterio de la Iglesia mediante la excelsa y esplendente luz del Espíritu Santo, al hacer un llamado a la ciudadanía a cumplir cívicamente con su derecho al voto, define y orienta con toda claridad las condiciones que amerita tener la o las personas que por el bien del pueblo en general se deben elegir; y tener plena conciencia que si todos cumplimos, debe dignamente aceptarse el resultado.
Aunque sea repetitivo, actuar con dignidad se entiende encausar el propio raciocinio por el camino del bien, que es la voluntad de Dios; y como decía el beato Juan Pablo II, no tener miedo, pues como también dijo Santa Teresa que: quien a Dios tiene, nada le falta, pudiéndose con certeza agregar que: a nadie le falta Dios y sobre todo si tratamos de hacer su voluntad. De manera especial no olvidar que la vida, cuando menos pensemos ha de extinguirse.
Y al Dios misericordioso que con la vida todo nos ha dado, al extinguírsenos, tendremos ineludiblemente que comparecer a Su presencia, que actuando entonces como Supremo Juez, al ver el expediente de nuestras vitales actuaciones, con justicia plena sabrá premiarnos o castigarnos, sin que haya ninguna apelación, ya que por su amor infinito, envió a Su divino Hijo para redimirnos y enseñarnos a vivir, al que la ingratitud humana crucificó sin reparo.
El autor es miembro de ciudad de Dios y Redemptor Hominis.
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