Por Amalia del Cid
De pie ante un auditorio lleno, en la Universidad de las Américas, tomó aire y se preparó para pagar una apuesta. “A que no pasás a cantar”, lo había retado su amigo Alejando Rojas. Y no tuvo que insistir más. Allí estaba José Alfredo Manzanares, sujeto a su andarivel, frente a un público despiadado.
Cien córdobas contra un ipod no es una oferta demasiado tentadora. Sin embargo, el jovencito no se estaba exponiendo a un abucheo por dinero; lo hacía porque desde niño su madre, doña Haydée Mercado, le enseñó que no existen los imposibles cuando hay verdadera voluntad.
También le hizo ver que los milagros ocurren y que la mejor prueba de ello es él mismo. Porque José Alfredo nació a los cinco meses; pesó apenas dos libras y nadie aseguraba que sobreviviría. Pero el bebé luchó por la vida y después de estar dos meses en incubadora demostró que su historia tendría más de un capítulo.
A los cinco años lo sometieron a una operación con la esperanza de que lograra caminar, ya que por un problema en sus tendones no podía estirar las piernas, explica. Ese fue el primer paso en un camino de cirugías, dolorosas recuperaciones y terapias… que a sus 23 años no ha terminado de recorrer. Hoy día, su batalla por andar va de la mano con su lucha porque su seudónimo artístico, Miztyko, logre un lugar en esa breve constelación de estrellas nicaragüenses. Seis de sus canciones ( Prefiero morir , Yo sé , Goodbye , Pensando en ti , Tus recuerdos son mi dios y Regalo de quince ), todas originales, suenan ya en las radioemisoras de nuestro país. Nada mal para alguien que hasta hace no mucho solo cantaba en la ducha.
A decir verdad, antes del día de la apuesta ni siquiera había avistado la posibilidad de ser un artista. En la primaria y la secundaria siempre fue blanco de burlas, “el niño que no puede caminar” y el “patito feo” de la sección. No obstante, afirma, nada de eso minó su seguridad, ni le hizo bajar el promedio de sus calificaciones y tampoco le impidió que se procurara un futuro prometedor. Por eso aprendió inglés y francés y entró a la carrera de Mercadotecnia en la Universidad de las Américas, la que culminará este año. ¿Pero cantante? Ni en los karaokes.
Así que no es difícil imaginar lo que sintió al encontrarse desarmado en una especie de coliseo romano, en su primer año como universitario, con las piernas temblorosas y las manos heladas. Los dos segundos más largos de este mundo y de cualquier otro transcurrieron antes de que comenzara a cantar. Justo a tiempo para ahogar las primeras tentativas de abucheo.
Entonó, mal, Lo que pasó, pasó , de Daddy Yankee, ante las miradas de sorna del auditorio. Fue una tortura de cuatro minutos. Sin embargo, sobrevivió. Y lejos de amilanarse se prometió a sí mismo que al año siguiente, 2007, se volvería a presentar en el festival de la universidad, en ese mismo escenario, para reivindicarse con una canción de su autoría. Así lo hizo. Pero antes practicó durante meses, afinándose, cantando ante el espejo. Ni escoba ni peine. El micrófono era un lapicero, recuerda con una sonrisa.
—¿Cómo te fue la segunda vez?
—Era una bachata. Canté mi tema Quiero amarte más . La gente se preguntaba ¿este no es el mismo que cantó Lo que pasó, pasó ? (ríe).
—¿Les gustó?
—Quedaron encantados, como en shock. Hubo un silencio de un minuto y después me aplaudieron. Ahí supe que eso era lo que quería para mí —cuenta, con los ojos redondos ocultos por grandes gafas oscuras.
—A ver… en pocas palabras vos llegaste a la música por una apuesta y un abucheo.
—¡Exactamente!

Esa determinación
de hierro parece ser una característica de familia. Sus padres, don Alfredo, oriundo de Terrabona, Matagalpa, y doña Haydée, de Managua, fueron muy pobres e hicieron de tripas corazón para darle estudios a sus tres hijos, hasta llevarlos a la universidad.
Hubo momentos tristes en los que pasaron hambre, pues a veces tenían que fiar un pipián para poder comer, confiesa el padre. Lo que no les faltó fue la dignidad. Ese orgullo que llevó a José Alfredo a componer su primera canción logró que su progenitor aprendiera a leer y escribir. Hace 15 años.
Un día le pidieron que firmara un papel y cuando confesó que no sabía cómo hacerlo, un hombre le preguntó: ¿y comer usted sabe? “Mirá qué fácil es tu nombre”, le dijo, y se lo escribió en la palma de la mano. Entonces don Alfredo decidió que nadie lo volvería a asarear por no poder escribir. Empezó a preguntar, en cada oportunidad, cosas como qué dice la m con la a.
Aprendió a pura insistencia. De la misma forma José Alfredo educó sus cuerdas vocales y se metió de cabeza, alma y corazón en la producción musical; hasta que el 10 de septiembre de 2010, cuando cumplía 22 años, escuchó por vez primera una canción suya en la radio. Si tú me amaras , el mejor regalo de cumpleaños. Ahí fue que su carrera arrancó de verdad. Y ahora el joven, con una voz que no tiene nada que envidiar a la del famoso Prince Royce, se da el lujo de interpretar sus propias composiciones, que llevan un tanto de bachata y otro poco de merengue y reggae.
Sus letras son románticas a más no poder, hablan de amor y desamor, de algunas experiencias vividas y otras pescadas en la calle, en un parque o en una fila de banco. José Alfredo es bastante metiche cuando se trata de buscar inspiración. Ya se ha ganado más de un ¿qué te importa? al preguntarle a una desconocida pareja de enamorados qué se siente estar así de abrazaditos. Y eso no significa que él no haya sentido en carne propia las bondades y las heridas que llegan, en un mismo paquete, con el amor. Lo que sucede es que necesita más, siempre más.
Dentro de poco saldrá su primer disco, titulado Forever , que incluye 18 temas de su autoría. Ni un solo cover. Espera tener éxito, para después someterse a la que será su cirugía número 17. Luego vendrán cuatro años de exigido reposo y terapia, sin conciertos, todo por seguir en pos de esa meta: caminar.
En estos años de sacrificios ha logrado avanzar mucho. “Antes era muy triste. Mi hijo tenía que caminar como un garrobo cuando lo sueltan”, comenta su padre, que no podría estar más orgulloso y que hace las veces de representante en los contratos de José Alfredo.
El muchacho quiere quedarse en la memoria de quienes escuchen sus canciones, para que al retomar su carrera lo reciban con los brazos abiertos. Tal vez no sea tan difícil. Después de todo, aunque todavía no ha saltado de lleno a la fama, los que antes se reían de él, ahora le piden autógrafos.
Ver en la versión impresa las paginas: 10 ,11 ,12
