LUCÍA VALERIA CALDERÓN NOGUERA. 20 AÑOS. Estudia Ingeniería Industrial en la Universidad Centroamericana (UCA).

La chica de los Ahuizotes

Octubre solo tiene un significado relevante para Lucía Calderón, que a su vez es sinónimo de agradables y entretenidos recuerdos.

Octubre solo tiene un significado relevante para Lucía Calderón, que a su vez es sinónimo de agradables y entretenidos recuerdos. El simple hecho de que se acerque el final del mes hace que se emocione ante la pregunta de todos los años: ¿Para qué hacer una fiesta de disfraces en tu casa con 8 o 12 amigos, si tenés todas las calles de Masaya para un baile espectacular de temores y risas?

“Los Ahuizotes es una celebración que siempre he visto como en cuenta regresiva, lo espero todo el año, me encanta porque es el momento donde uno se desata, nadie te reconoce y entonces la adrenalina del momento hace que yo sea más desinhibida, bailo, salto y la paso muy alegre”, explica Lucía, una joven tímida, risueña y amable.

Ella asegura que pasa entusiasmada todo el día y espera con inquietud a que se haga de noche para llenarse del ambiente terrorífico y burlón que absorbe todos los rincones de su ciudad natal, Masaya. “Lo bonito es que uno lo disfrute al cien, si no no”, enfatiza, con una sonrisa, ya que esa es la única condición para ir a Los Ahuizotes.

Y aunque de niña le daba miedo meterse en el baile, ahora el ánimo apenas le basta cuando siente cerca el ritmo de la música. De repente se vuelve extrovertida: comienza a querer asustar y sentirse asustada, logra hacer nuevos amigos, bromea con las personas y brinca hasta quedarse sin energías.

La gira de Lucía un día como hoy empieza desde temprano cuando toda su familia se prepara y se organiza en grandes grupos. “Es algo colectivo, mis primos y tíos viven en San Miguel, desde ahí todos nos reunimos a esperar los músicos que llegan a las cinco de la tarde. Al final se hace una gran reunión familiar, pues los vecinos y nosotros somos todos parientes”, afirma.

El disfraz que más le ha gustado fue el de vampira, lo usó cuando tenía 10 años, el atuendo tenía una peluca enorme y muchos adornos.

Su primer traje fue de bruja y se lo hizo su abuela. Ahora Lucía nunca deja a un lado su cotona negra con capucha y algo de maquillaje oscuro, ya que ese es el mejor y el más cómodo de los disfraces.

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