Ceix y Alcione

Luis Sánchez Sánchez Sancho

Ceix era rey de Traquinia, antigua ciudad griega que se hizo famosa porque a ella fue Hércules enviado al destierro como castigo por haber cometido un homicidio y allí ambientó Sófocles una de sus grandes tragedias: Las Traquinias . Pero aparte de esta tragedia literaria basada en la leyenda sobre la muerte de Hércules y su esposa Deyanira, la historia de Ceix es también trágica.

Ceix estaba casado con Alcione, la que un día se jactó de que su matrimonio era tan bueno o mejor que el de Zeus con Hera. Semejante comparación blasfémica fue castigada por los dioses y Ceix sufrió varios golpes emocionales muy severos. Primero murió un hermano muy querido, que a la vez era su mejor amigo y consejero. Después falleció una nietecita de quien Ceix era también padre adoptivo y la amaba con infinita ternura. Y luego aconteció la muerte de su hijo menor, quien era tan hermoso e inteligente que todos le auguraban un glorioso futuro. Esa sucesión de pérdidas dolorosas sumió a Ceix en un deplorable estado melancólico o depresivo, y nadie, ni siquiera Alcione lo podía consolar.

Preocupado por la salud de su soberano, un sacerdote aconsejó a Ceix que fuera a la ciudad de Claros, donde se encontraba uno de los principales templos de Apolo y por lo tanto había allí un oráculo de muy buena reputación, para que preguntara al dios cuál era la causa de sus desgracias y qué tenía que hacer para cambiar su suerte.

Desde que Ceix anunció su viaje a Claros, para lo cual debía navegar por lo menos dos meses entre ida y regreso, Alcione comenzó a tener sueños agitados en los cuales veía terribles fantasmas y siniestras tumbas y oía el rugido del mar azotado por las tormentas. Para Alcione esos sueños era el presagio de que algo muy malo podría ocurrirle a su esposo y trató de disuadirlo del viaje. Pero Ceix estaba completamente decidido y solo prometió a su mujer que se cuidaría y volvería pronto.

La nave de Ceix había avanzado ya como la mitad de la distancia que debía navegar hasta el puerto de Claros, cuando a medianoche se desató una terrible tormenta que abatió el navío real. El barco se hundió rápidamente, todos los tripulantes murieron ahogados mientras Ceix se aferraba con desesperación a un trozo de madera. Pero finalmente las fuerzas lo abandonaron y pereció igual que sus compañeros de viaje e infortunio.

En el mismo momento de la medianoche en que estaba ocurriendo el naufragio del barco de Ceix, su mujer, Alcione, se despertó bruscamente, agitada y atormentada por sueños terribles en los cuales veía la sombra de su esposo avisándole que había muerto y jurándole que la amaría por toda la eternidad. Alcione sintió que Ceix de esa manera la llamaba a su lado. Entonces salió de su dormitorio y su palacio, corrió despavorida hacia la orilla del mar y subió a un muro que había sido construido para proteger a la ciudad de las olas del mar. Alcione gritaba que en la lejanía flotaba el cuerpo de su esposo, pero nadie le hacía caso. Entonces, súbitamente Alcione se transformó en un ave que desplegó sus alas y voló hacia el mar, se posó sobre un cuerpo que flotaba en el agua y lo picoteó suavemente, como con cariño. Era el cadáver de Ceix que con el picoteo cobró vida y también se transformó en un ave.

Los dioses se habían apiadado de la infortunada pareja y transformaron al uno y la otra en el ave que desde entonces se conoce como Alción, también llamado Martín Pescador.

Columna del día Opinión

COMENTARIOS

  1. will
    Hace 15 años

    buena historia, interesante de leer. Titulo del libro? o una referencia para una buena lectura?

  2. GUICAG
    Hace 15 años

    Esta historia novelada de la mitología griega parece un claro mensaje a la pareja gobernante. Es como una sugerencia híbrida -indirecta y subliminal-, pero viene a decir algo así como: no se compliquen ustedes la existencia, ni hagan difícil la vida a los demás, porque, al fin y al cabo, todos sufrimos, tarde o temprano, nuestro propio cambio espiritual –a modo de catarsis- o metamórfico –de personaje a Martín Pescador- para lograr a comprender la dimensión ontológica del ser humano

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