El término acompañamiento ha suscitado una serie de conjeturas a lo largo y ancho del país. En el ámbito educativo es una palabra relativamente nueva que tiene como objetivo el fortalecimiento de la práctica educativa del maestro. Es una relación adaptada y personalizada, no obstante, es una actividad que casi nunca hace sentir bien al profesor, porque la persona que lo hace no está preparada técnicamente y su desempeño, por consiguiente, se vuelve ambiguo, en tanto no ejerce el verdadero ejercicio que es aconsejar, orientar y mejorar la labor del facilitador. Por lo tanto, dicho vocablo tiene varios sinónimos: asistencia, visita, supervisión y observación.
Pero, la pregunta válida es: ¿por qué acompañamiento y no observación electoral? El acompañamiento tiene una connotación mayor, porque promueve y garantiza el cumplimiento de los procesos, la organización del mismo, su renovación, dado que identifica las fallas y permite un óptimo intercambio de indagación entre el acompañante y el acompañando, de tal manera que no debe producirse una ruptura cívica, sino confianza y libre ejercicio en su movilización, ya que deberá actuar sin restricciones. Es así, que el acompañante debe ser un individuo sano, justo, imparcial, razonable, equitativo y con un desarrollo autónomo de su conciencia.
Toda sociedad con fracturas, crisis de valores, violencia escolar, familiar y social debe procurar convertirse en la primera institución generadora de una democracia participativa, humana, recta, donde los espacios sean dinámicos y lo suficientemente diferentes para construir comunidades militantes cuya finalidad sea el fortalecimiento de su dignidad colectiva de la que tanto carecemos los nicaragüenses. Es por eso que, tanto la Unión Europea, la Organización de Estados Americanos, el Consejo Nacional de Universidades y otras organizaciones como Ipade tienen la oportunidad histórica de velar por la pureza de todo el proceso electoral.
El acta hace, del acompañante electoral, un mediador leal, es decir el electorado debe confiar en su presencia, en su voz, en sus ojos, en sus decisiones, en su escrito, en tanto es el centro social que tendrá el dispositivo y la tarea de hacer un buen papel. Las expectativas son muchas, pero es congruente decir que ser acompañante demanda esfuerzo, experiencia, entrenamiento, instrucción y claramente la lógica nos dice que los ciudadanos, los profesionales, el buen vecino, espera un trabajo óptimo, in situ, que haga de su tarea una acción estructurada al margen de toda subjetividad, al contrario deberá ser objetivo y constructor de un verdadero tejido democrático, que no solo necesita Nicaragua, sino América Latina: la defensa de la institucionalidad, de los derechos humanos y de la democracia participativa.
Las condiciones de éxito del acompañamiento es buscar esa cultura de aprendizaje, de tal manera que el Consejo Supremo Electoral debe facilitar todas las vías de acceso a las Juntas Receptoras de Votos y padrones electorales, de lo contrario se restaría grandemente legitimidad al proceso electoral en Nicaragua. Desde hoy somos el centro de la noticia, buena o desfavorable, eso está en las manos de los actores políticos, de los candidatos, así como de una total tolerancia. De esto depende que el informe que den a conocer los acompañantes sea fiable e íntegro: la base será la credibilidad. Finalizo con las palabras del Ché Guevara: “La mejor pedagogía es el ejemplo”, parafraseándola sería, la mejor enseñanza es el ejemplo que demos al mundo de democracia participativa y libertad de elegir.
La autora es doctora en Filología, máster en Ciencias de la Educación. Docente UNAN.
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