Sólo los más ingenuos, los cuales en política son escasos en el país, pueden suponer que la ofensiva desatada en los últimos días reactivando la litis del PLI no es otra cosa que ponerle en bandeja de plata al CSE, vale decir al FSLN, la posibilidad de eliminar por la vía de la más descarada decisión política la candidatura de Fabio Gadea a la Presidencia de la República.
Los protagonistas de esos entuertos, que alegan que esta candidatura no se vería afectada por la decisión del CSE de favorecer a tal o cual facción, o están en la luna o simplemente desconocen la absurda Ley Electoral que rige elecciones y partidos políticos en Nicaragua. Para profundizar el absurdo, los litigantes afirman que la candidatura de Fabio no se vería afectada, pero las de los diputados sí; algo que se podría considerar un chiste cantinflesco.
Los partidos eligen a sus candidatos a cargos de elección popular mediante la convocatoria de su más alta instancia de decisión, vale decir Congreso o Convención que tienen un carácter nacional con la asistencia de grandes cantidades de congresistas o convencionales que provienen de todas partes del país.
- Si Fabio y los diputados fueron electos candidatos en un mismo acto, ¿cómo se puede entender el planteamiento de que Fabio puede seguir siendo candidato y los otros no?, ¿cómo puede una lista total de candidatos partirse en dos y decir esta vale y esta no?
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Cuando los partidos no pueden convocarlos recurren a instancias intermedias que se denominan Consejo, Directorio o Asamblea Delegataria, donde los asistentes muchas veces no superan ni el diez por ciento de lo que sería una asistencia plena, pero donde imperan las intrigas, las componendas y los acuerdos preconcebidos.
Claro está que esto deja muchos huecos y vacíos legales que se llenan atropelladamente dando paso a muchos pleitos e innumerables impugnaciones que duran lo que dura una campaña electoral. A veces la sangre no llega al río, pero hay casos donde las ambiciones superan la sensatez y las cosas terminan como festín en la mesa del incorrupto presidente del CSE.
En las clases que sobre Política y Liderazgo impartí a los líderes juveniles de los partidos en un proyecto apoyado por el PNUD que se realizó en la UNI, debatíamos sobre las absolutas atribuciones que tiene el CSE para quitar y poner partidos y por supuesto para poner y quitar candidatos. Mediante un articulado entretejido con delicadeza el CSE puede interpretar a su antojo cualquier disposición relativa a la vida de un partido o la validez de una candidatura.
Como todo está elaborado de manera difusa entre niebla y claridad nadie sabe nunca a qué atenerse. La máxima al final era que para evitarse problemas no habría que caer en los regazos del CSE. Pero al final los avezados muchachos se daban cuenta de que esto no valía para nada, porque lo que imperaba era aquello de que “si no hay un pelo en la sopa, te lo echan”, que justo es el caso del PLI.
Si Fabio y los diputados fueron electos candidatos en un mismo acto, ¿cómo se puede entender el planteamiento de que Fabio puede seguir siendo candidato y los otros no?, ¿cómo puede una lista total de candidatos partirse en dos y decir esta vale y esta no? Si el CSE le da la razón a alguno de los impugnadores dejará abierta la posibilidad de que otro impugne y otro más y cuando decida las elecciones habrán terminado y, tal vez como algunos desean, solo habrá dos candidatos: Daniel y Arnoldo, y por supuesto el pacto for ever .
Mientras tanto, el CSE se frota las manos y sus colmillos derraman abundante baba ante el suculento plato servido.
El autor es dirigente histórico socialcristiano.
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