Querida Nicaragua: Hoy más que nunca podemos decir con propiedad que el remedio de todos los males que tenemos tiene una primera receta: La honestidad. Hoy estamos urgidos por recobrar valores morales como la honestidad.
Si un país logra tener un presidente honesto, todo lo demás vendrá por añadidura. Sus ministros tendrán que ser honestos, pues cuando la cabeza está sana, el resto del cuerpo también lo está.
Cuando hablo de un presidente honesto estoy hablando de un hombre que desde la altura de su cargo esté atento a todos los movimientos de sus ministros y resto de funcionarios. Un hombre que al menor desliz de uno de sus servidores públicos actúe inmediatamente ordenando una investigación y tomando todas las medidas que la ley pone al alcance de la justicia para que las arcas del Estado no sufran mengua alguna, para que el dinero que el pueblo paga en sus impuestos sea convenientemente utilizado en todo aquello que el pueblo requiere: fuentes de trabajo, empleos para todos, salud, medicina preventiva, buenos hospitales, medicinas gratuitas, educación integral, caminos para que la producción nacional tenga salida rápida, asistencia técnica y préstamos al pequeño productor campesino y también al mediano y al gran productor.
Un presidente honesto no podría ocupar nunca el dinero del Seguro Social como caja chica del gobierno, y se preocuparía por afiliar a más trabajadores en el Seguro Social. Así aumentaría sus ingresos y cubriría las necesidades de sus afiliados.
Alguien me dijo que yo mucho hablo de honestidad y que esta no resuelve los problemas de Nicaragua. Le contesté que sí los resuelve. Así como el ocio es la madre de todos los vicios, la honestidad es la madre de todas las virtudes. Se tiene que ser honesto primero con Dios, luego con la Patria, que es el pueblo mismo. La honestidad se regará como fuente de agua clara por todas las instituciones de la nación y el pueblo verá con buenos ojos a su gobierno y a su presidente.
Dijo mi amigo que todo esto son palabras. Yo respeto su criterio y su manera de pensar, pero creo que la honestidad es la salvación de nuestro país.
Todos los programas de gobierno de hace siglos, de ayer, de hoy y de siempre son documentos llenos de promesas, documentos que nadie lee porque son tediosos y aburridos. El programa de gobierno nuestro tiene unos cuantos ejes sobre los cuales el pueblo puede comprender y aquilatar si son o no sinceros, si son o no realizables. Honestidad ante todo, programa de educación integral, medicina preventiva, atención hospitalaria con medicinas gratuitas, caminos de penetración, crédito rural para los campesinos, bono solidario para los trabajadores, apoyo al libre comercio, absoluta libertad de expresión. La honestidad no permitirá que haya corrupción de ninguna clase, ni pequeña ni grande, porque quien meta las manos en las arcas del Estado será inmediatamente investigado y procesado de acuerdo con la ley.
Hay muchos otros proyectos en beneficio de todos, y hay uno más importante todavía y que es acabar con la pobreza. No queremos que haya pobres que reciban limosnas del Gobierno. Queremos un pueblo digno, soberano e independiente.
El autor es director general de Radio Corporación
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