Se acercan las elecciones nacionales en Nicaragua. Decir elecciones en nuestro país es sinónimo de promesas, hechas por muchos y muchas veces. Más aún con las experiencias de los últimos comicios municipales fraudulentos del 2008, las próximas elecciones nacionales se vuelven dudosas …
Un proceso electoral libre de obstáculos y honesto, en todo sentido, es el único camino recto y seguro para una democracia. El mal uso de este proceso sería un instrumento que daría solidez, consolidación, validez y legitimidad a lo ilegal, ilegítimo e inconstitucional del régimen actual, para encontrar validez ante el exterior.
Son dos los pasos que han dado lugar a la dictadura Ortega-Murillo: el neozancudismo y el pacto Alemán-Ortega, que han cerrado paso a la democracia, abriendo camino a esta dictadura. Juego al que se prestan los tontos útiles, para según ellos, ocupar los primeros lugares de oposición y sus respectivas cuotas de poder, saciando así sus intereses personales, su vanidad, soberbia y egoísmo, todo lo que les ciega e impide ver la realidad, siendo este beneficio por poco o ningún tiempo, dejándole ser vergüenza para todos y sin cabida en ningún lugar por el resto de sus vidas.
Hemos caído en el peligroso juego de la división. “Divide y vencerás”, aconsejó Julio César y lo utilizó Maquiavelo. Desafortunadamente en Nicaragua se vive el ánimo de dividir lo que propicia al adversario común y logrando ventaja en su objetivo.
Que haya elecciones honestas en Nicaragua será como encontrar una aguja en un pajar. Una aguja en la que se enhebren todas las libertades y derechos del ciudadano: recibir su cédula en iguales condiciones que los simpatizante del partido gobernante, lo mismo que el derecho a la propaganda y movilización de los partidos de oposición sin amenaza ni negando permiso a sus manifestaciones públicas y mucho menos recibiendo golpes de la Policía cuando estos manifestantes se expresan por los abusos que comete el gobernante. No permitir la observación extranjera y nacional desde el comienzo del período electoral sin tapujo y nuevas regulaciones, pues ya fue tarde para que estas instituciones observaran numerosas anomalías, como la de haber cerrado las juntas electorales antes de la hora acordada del día 19 de septiembre para la entrega de las ternas.
Pero no todo está perdido, la unidad del pueblo será la esperanza que vencerá con tu voto por amor a la patria.
El 6 de noviembre será como una luz en el horizonte o bien una oscuridad en el ocaso en el que se leerá: “Aquí descansa en paz la democracia”.
Recordemos la advertencia que nos dejara Pedro Joaquín Chamorro Cardenal: “Y la unidad, la unidad de todo el pueblo, de todos los sectores, políticos, económicos y sociales, para luchar por la democratización de Nicaragua, es el mandato de nuestra historia y la exigencia apremiante de las circunstancias actuales que vive el país. Porque estamos enfrentados y aquí y ahora y con más posibilidades que nunca a resolver el futuro de Nicaragua, entre la alternativa dramática de la dictadura, o la alternativa llena de esperanzas de la democracia”.
¡A votar compatriotas por la honestidad, la libertad y la esperanza!
La autora es miembro de la directiva de LA PRENSA
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